En medio de la creciente tensión en Oriente Medio, China ha realizado un llamado urgente a todas las partes involucradas en el conflicto con Irán para que aseguren el tránsito seguro de los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. El pronunciamiento, considerado el más directo hasta ahora por parte del principal socio económico de Teherán, refleja la preocupación de Pekín por la estabilidad del suministro energético global.
El estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, se ha visto prácticamente paralizado tras los bombardeos iniciados por Estados Unidos e Israel durante el fin de semana, que desencadenaron represalias iraníes en distintos puntos de la región. La interrupción del tráfico marítimo ha generado alarma en los mercados internacionales y amenaza con un repunte en los precios de la energía.
China, primer importador mundial de crudo y gas natural licuado (GNL), se encuentra entre las naciones más expuestas a la crisis. En diciembre, casi la mitad de sus importaciones de petróleo transitaron por esta vía marítima. “China insta a todas las partes a cesar de inmediato las operaciones militares, evitar una escalada de tensiones y salvaguardar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz”, declaró la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, en una conferencia de prensa en Pekín.
Fuentes del sector energético han revelado que altos ejecutivos chinos han mantenido conversaciones discretas con funcionarios iraníes, instándolos a no obstaculizar las exportaciones de gas de Catar ni otros envíos de energía que dependen del estrecho. Al menos cuatro buques comerciales habrían resultado dañados en los últimos días, lo que refuerza la urgencia del llamado.
La situación reviste especial gravedad para Catar, responsable de aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de GNL. Tras un ataque con drones atribuido a Irán, la planta de Ras Laffan —la mayor instalación de exportación de gas natural licuado del mundo— detuvo su producción, en lo que constituye la primera paralización total en casi tres décadas de operación. Este hecho ha encendido las alarmas en Pekín, dado que Catar abastece cerca del 30% del GNL que consume China.
El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, mantuvo recientemente un diálogo con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, en el que expresó apoyo a la seguridad nacional de Irán, pero también subrayó la necesidad de atender las “preocupaciones razonables” de los países vecinos. Aunque el comunicado oficial evitó mencionar explícitamente los suministros energéticos, la presión diplomática de Pekín se ha intensificado en paralelo a la crisis.
La postura china refleja un delicado equilibrio: por un lado, su rol como principal comprador del petróleo iraní; por otro, su dependencia estructural de la estabilidad en el golfo Pérsico para garantizar el flujo de crudo y gas hacia su economía. En este contexto, el estrecho de Ormuz se convierte en un punto neurálgico no solo para la seguridad regional, sino también para la seguridad energética global.
