La candidatura de Rafael Grossi a la Secretaría General de Naciones Unidas entró en una fase decisiva. Tras meses de gestiones diplomáticas entre Buenos Aires y Viena, el argentino expuso en Nueva York su visión sobre el rol del organismo en un escenario internacional marcado por guerras, tensiones nucleares y el descrédito de las instituciones multilaterales.
Una exposición clave en Nueva York
Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), respondió durante tres horas a 49 preguntas en una audiencia pública. Allí planteó que la imparcialidad no significa indiferencia, sino la capacidad de dialogar con actores enfrentados y convertirse en un interlocutor aceptado por ambas partes. “Las Naciones Unidas están desacreditadas o ignoradas”, advirtió, en un diagnóstico que busca reposicionar al organismo como un actor político más activo y menos burocrático.
El guiño de Francia y el peso del Consejo de Seguridad
En la carrera hacia la ONU, las señales diplomáticas son tan relevantes como los apoyos explícitos. En ese marco, el embajador de Francia en Argentina, Romain Nadal, destacó la trayectoria de Grossi y su cercanía con Emmanuel Macron, en lo que fue interpretado como un gesto de respaldo de un miembro permanente del Consejo de Seguridad. La definición es clave: la elección depende de una recomendación de ese órgano, donde EE.UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia tienen poder de veto, antes de la votación en la Asamblea General.
El respaldo de Milei y las tensiones internas
El gobierno argentino apoyó la candidatura desde fines de 2025, con gestiones directas de Javier Milei. Grossi reconoció haber mantenido conversaciones “muy profundas” con el presidente sobre el rol de la ONU, pese al escepticismo libertario hacia los organismos internacionales. Sin embargo, la política exterior argentina generó malestar en sectores diplomáticos, con votos polémicos en resoluciones de derechos humanos y un giro que tensiona la inserción multilateral tradicional del país.
Los otros candidatos y el factor género
Grossi compite con figuras de peso como Michelle Bachelet, Rebeca Grynspan y Macky Sall. La presión por una mujer al frente del organismo es creciente: la Asamblea General instó en 2025 a considerar seriamente candidaturas femeninas, recordando que nunca una mujer ocupó el cargo. En ese contexto, la postulación de Bachelet, respaldada por Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, introduce un factor regional y de género que puede redefinir la competencia.
Un proceso abierto y condicionado por la crisis global
El calendario prevé que el Consejo de Seguridad emita una recomendación antes de fin de año, para que la Asamblea General formalice la designación del sucesor de António Guterres, cuyo mandato concluye en diciembre. Sin embargo, diplomáticos coinciden en que la verdadera definición dependerá de los equilibrios de poder entre las potencias, más que de las audiencias públicas.
La candidatura de Grossi se inscribe en un telón de fondo marcado por la guerra en Ucrania, la escalada en Medio Oriente y el retiro de fondos de EE.UU. a la ONU. En ese escenario, el perfil buscado para el próximo secretario general es el de un operador político capaz de “ponerse las botas y estar donde está el problema”, como definió el propio argentino.
