Brasil se posiciona cada vez más como un actor central en la disputa global por los minerales críticos, especialmente las tierras raras, insumos esenciales para la fabricación de autos eléctricos, turbinas eólicas, dispositivos tecnológicos y sistemas militares avanzados. Con más de 20 millones de toneladas en reservas estimadas, el país sudamericano posee la segunda mayor reserva mundial, solo detrás de China, y se convirtió en un punto clave de interés para Washington y Beijing.
Mientras Estados Unidos acelera inversiones para reducir su dependencia del gigante asiático, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva busca atraer capital extranjero sin perder control sobre un sector considerado estratégico para la soberanía económica.
Un recurso abundante, pero con producción limitada
Las tierras raras comprenden 17 elementos químicos utilizados en industrias de alta tecnología. Aunque no son escasos en términos geológicos, su extracción y refinamiento requieren procesos altamente complejos y costosos.
Brasil posee reservas enormes, pero su producción es mínima: en 2024 exportó apenas 20 toneladas, frente a una producción global estimada en 390.000 toneladas.
El principal cuello de botella: el procesamiento industrial
Según especialistas del sector minero brasileño:
- El refinamiento de tierras raras requiere hasta 400 procesos industriales para alcanzar purezas del 99,9%.
- Brasil solo puede realizar parte de ese trabajo a escala de laboratorio, pero carece de capacidad industrial masiva.
- La expansión del sector exige infraestructura, energía barata, tecnología de separación química y centros de investigación especializados.
Estados Unidos acelera inversiones para competir con China
El interés estadounidense creció de manera notable en los últimos meses. Washington busca diversificar su cadena de suministro y reducir su dependencia de China, que domina más del 80% del procesamiento mundial.
Entre los movimientos más relevantes:
- Estados Unidos ya invirtió más de US$ 600 millones en proyectos vinculados a tierras raras en Brasil.
- Firmó un memorando de entendimiento con el estado de Goiás para impulsar la minería y el procesamiento.
- En abril, la empresa USA Rare Earth adquirió por US$ 2.800 millones a Serra Verde, operadora de la única mina brasileña actualmente en producción.
Australia también participa a través de Foxfire Metals, mientras que China mantiene presencia en un proyecto ubicado en la Amazonía.
Lula busca inversiones, pero con control estatal
El gobierno brasileño intenta equilibrar la llegada de capital extranjero con una mayor supervisión estatal. Lula afirmó que Brasil está dispuesto a negociar con todos los países, pero advirtió:
“Nadie, excepto Brasil, será dueño de nuestra riqueza”.
En paralelo, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que:
- otorga incentivos fiscales al sector privado,
- permite atraer inversiones para exploración y procesamiento,
- pero concede al Ejecutivo poder de veto sobre acuerdos con empresas extranjeras por motivos de “seguridad económica o geopolítica”.
Críticas del sector minero
El Instituto Brasileño de Minería (IBRAM) expresó preocupación por el alcance del control estatal:
- “El gobierno tiene la última palabra en todo, y eso es una preocupación”, señaló su presidente, Pablo Cesario.
- El sector espera que el Senado modifique el proyecto para evitar frenar inversiones.
Un tablero geopolítico en plena reconfiguración
La disputa por las tierras raras brasileñas refleja un fenómeno global:
- China busca mantener su liderazgo en la cadena de suministro.
- Estados Unidos intenta reconstruir su capacidad industrial y asegurar fuentes alternativas.
- Brasil emerge como un proveedor estratégico, pero también como un país decidido a regular su riqueza mineral para evitar dependencia externa.
El resultado de esta puja definirá no solo el futuro del sector minero brasileño, sino también parte del equilibrio tecnológico y geopolítico de las próximas décadas.
