La vicepresidenta de la Nación y titular del Senado, Victoria Villarruel, volvió a encender la interna dentro del oficialismo al afirmar públicamente que el Gobierno busca su renuncia, pero que no piensa dar un paso al costado.

La declaración, difundida a través de sus redes sociales, se produjo tras un nuevo cruce con referentes del Ejecutivo y en medio de un clima político marcado por la apertura de sesiones ordinarias del Congreso.

El trasfondo de la disputa

Villarruel mantiene un distanciamiento con el presidente Javier Milei desde hace más de un año, situación que se profundizó en los últimos meses. La tensión se hizo evidente durante el discurso inaugural del mandatario, cuando aludió a sectores “opositores y propios” que habrían intentado reemplazarlo en el poder, una referencia que muchos interpretaron como dirigida a la vicepresidenta.

En paralelo, Villarruel protagonizó un enfrentamiento con el exministro de Defensa y actual diputado Luis Petri, quien cuestionó su rol institucional. La respuesta de la vicepresidenta fue categórica: “Quieren mi renuncia, pero no se les va a dar. Ocupo con honestidad mi cargo hasta el 10 de diciembre de 2027. Al que no le guste, vota lo que quiere en el próximo turno”.

La reacción del Gobierno

Desde la Casa Rosada desmintieron que exista un pedido formal de renuncia, aunque redoblaron las críticas hacia Villarruel. Voceros del Ejecutivo señalaron que “lo único que queremos es que haga su trabajo” y cuestionaron su desempeño como presidenta del Senado.

Impacto político

El enfrentamiento expone una fractura abierta en la conducción del oficialismo y genera incertidumbre sobre la gobernabilidad en un contexto de alta polarización. Analistas advierten que la disputa entre Milei y Villarruel podría tener consecuencias en la dinámica legislativa, especialmente en la aprobación de proyectos clave.

Perspectivas

La vicepresidenta, que conserva respaldo en sectores conservadores y militares, parece decidida a resistir las presiones internas y mantener su cargo hasta el final del mandato. El Gobierno, por su parte, busca disciplinar a su propia tropa y evitar que las diferencias internas debiliten la gestión. La tensión, lejos de disiparse, promete seguir marcando la agenda política en los próximos meses.

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