A pocas semanas de la cumbre prevista entre Donald Trump y Xi Jinping, la relación entre Washington y Pekín atraviesa un momento de fricción marcado por dos ejes estratégicos: el petróleo iraní y la carrera tecnológica en inteligencia artificial.

El frente energético: Irán en el centro

La administración Trump intensificó el escrutinio sobre los vínculos de China con Teherán, sancionando a una de las mayores refinerías privadas del país asiático. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que los bancos chinos podrían enfrentar sanciones secundarias si continúan respaldando los ingresos del régimen iraní.

El bloqueo estadounidense en el golfo Pérsico genera presión adicional para Pekín, que depende de Medio Oriente para cerca del 40% de sus importaciones de petróleo y recibe más gas natural licuado a través del estrecho de Ormuz que cualquier otro país.

El frente tecnológico: IA y control de cadenas de suministro

China bloqueó la oferta de Meta Platforms Inc. por la startup de inteligencia artificial Manus, en una señal de que busca mantener dentro de sus fronteras tecnologías de punta. El Politburó reiteró la necesidad de autosuficiencia tecnológica y de un control más estricto de las cadenas de suministro.

Estados Unidos, por su parte, debate en el Congreso la ley MATCH, que busca impedir que fabricantes chinos accedan a equipos avanzados de semiconductores. De aprobarse, trasladaría el control de exportaciones del Ejecutivo al Legislativo, limitando la capacidad de Trump de usar el acceso a chips como herramienta de negociación.

La cumbre y los puntos de presión

Aunque las maniobras de ambos países elevan la tensión, no hay señales de que la cumbre se retrase. Analistas como Wu Xinbo, de la Universidad Fudan, señalan que el verdadero riesgo está en temas sensibles como Taiwán, donde las ventas de armas estadounidenses generan alarma en Pekín.

Trump llega a la reunión sin haber logrado poner fin a la guerra en Irán, mientras Xi busca exhibir fortaleza en el sector tecnológico. Ambos líderes intentan blindar sus cadenas de suministro y asegurar propiedad intelectual crítica antes de sentarse a negociar.

Una relación en equilibrio inestable

Expertos comparan la relación entre China y Estados Unidos con “dos placas tectónicas que se empujan entre sí”: puede parecer estable, pero la presión acumulada amenaza con estallar en cualquier momento. La cumbre será un intento de estabilizar vínculos, aunque marcada por la competencia más que por la cooperación.

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