La polémica sobre el destino de los hipopótamos introducidos ilegalmente por Pablo Escobar en la década de 1980 volvió a encenderse en Colombia. Ante el plan oficial de aplicar la eutanasia a unos 80 ejemplares, surgió una propuesta inesperada: trasladarlos a la India bajo el cuidado del magnate Anant Ambani, hijo de Mukesh Ambani, considerado el hombre más rico de Asia.
Una especie invasora en expansión
Tras la muerte de Escobar en 1993, los hipopótamos quedaron sin control estatal ni depredadores naturales. En un entorno favorable, con abundante agua y vegetación, la población creció hasta convertirse en la mayor manada fuera de África, asentada en la cuenca del río Magdalena.
Las autoridades ambientales los consideran una especie invasora que altera cursos de agua, compite con fauna nativa y representa un riesgo directo para comunidades rurales. Los programas de esterilización y monitoreo aplicados en los últimos años resultaron insuficientes frente al ritmo de reproducción.
La decisión de eutanasia y la polémica
El gobierno colombiano avanzó con un plan para sacrificar a unos 80 ejemplares, medida que generó rechazo de organizaciones ambientalistas y defensores de animales. Mientras algunos especialistas sostienen que es necesaria para proteger el ecosistema, otros reclaman alternativas menos drásticas.
La propuesta de Ambani
En ese contexto, Anant Ambani ofreció trasladar los hipopótamos a su centro de conservación Vantara, en Gujarat, India, donde asegura que recibirían “cuidado de por vida”. El complejo alberga miles de especies, aunque también ha sido cuestionado por activistas respecto a las condiciones climáticas y el manejo de fauna.
Hasta el momento, el gobierno colombiano no confirmó si evaluará formalmente la iniciativa.
Los desafíos del traslado
Mover hipopótamos a otro continente implicaría una operación logística y veterinaria de gran complejidad. Cada ejemplar puede pesar hasta tres toneladas y requiere condiciones específicas de transporte y adaptación. Especialistas advierten que el cambio de ecosistema podría generar nuevos problemas si no se garantiza un entorno adecuado.
El debate reabre la discusión sobre el rol de los zoológicos privados y los límites éticos en la gestión de fauna salvaje, en un caso que combina historia del narcotráfico, conservación ambiental y dilemas globales sobre bienestar animal.
