A doce días de los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Caracas y la zona costera de La Guaira, Venezuela atraviesa una de las peores crisis humanitarias de su historia. El número de fallecidos ascendió este domingo a 3.342, mientras que 30.300 personas continúan desaparecidas entre los escombros de edificios colapsados. Hay además 16.700 heridos, casi 200 estructuras derrumbadas y 17.000 personas sin techo desde el desastre del 24 de junio.
La magnitud del daño humano y material convierte a estos sismos en los más graves registrados en América Latina en un siglo.
Fin de la fase de rescate: los equipos internacionales se retiran
Los especialistas coinciden en que las posibilidades de encontrar sobrevivientes son prácticamente nulas. Por eso, la mayoría de los equipos internacionales que llegaron en los primeros días —brigadas de Estados Unidos, Chile, México, España, Argentina y Colombia— comenzaron a regresar a sus países.
La emergencia entra ahora en una etapa distinta: enterrar a los fallecidos, asistir a los sobrevivientes y evitar una crisis sanitaria por la proliferación de cadáveres en zonas urbanas.
Más de 150 tumbas sin nombre en La Guaira
En el cementerio La Esperanza, en La Guaira, se cavaron más de 150 tumbas individuales para cuerpos que no pudieron ser identificados. Según reportó AFP, una larga fila de cruces blancas marca el sector donde se enterraron los restos, todos con la misma fecha de fallecimiento: 24 de junio de 2026.
Dos excavadoras continúan abriendo fosas nuevas ante la acumulación de cadáveres.
Eli Zavala, vecina que colabora con los entierros, expresó:
“Nos invade el dolor. Empezamos el 25 de junio, al día siguiente del terremoto, para que todas esas personas pudieran tener un entierro digno”.
Aunque la presidenta interina Delcy Rodríguez había negado la posibilidad de fosas comunes, la descomposición acelerada de los cuerpos obligó a proceder con sepulturas sin identificación previa para evitar riesgos epidemiológicos.
Críticas a la respuesta oficial y un país en duelo
En los días posteriores al desastre, muchos venezolanos denunciaron que debieron buscar solos a sus familiares entre los escombros y cuestionaron la lentitud de la respuesta estatal. Rodríguez defendió la actuación del Gobierno y aseguró que se desplegaron miles de funcionarios y equipos de rescate.
El domingo, la presidenta interina intentó transmitir calma:
“Aquí no habrá disturbios sociales. Lo que tenemos es una profunda solidaridad”.
En Caracas y La Guaira, miles de personas participaron de misas, vigilias y homenajes. En la Universidad Central de Venezuela, decenas se reunieron alrededor de una gran bandera nacional rodeada de velas para recordar a los fallecidos y desaparecidos.
Una tragedia que agrava la crisis social y económica
La ONU estima que los terremotos generaron daños por USD 6.700 millones, equivalentes al 6% del PBI venezolano. La cifra golpea a un país ya atravesado por una crisis económica prolongada, con infraestructura debilitada y servicios públicos colapsados.
El aeropuerto internacional de Caracas, seriamente dañado, permanece cerrado a vuelos comerciales, complicando la logística de ayuda y el movimiento de personas.
La fase que viene: asistencia, refugios y prevención sanitaria
Con el fin de la etapa de rescate, Venezuela enfrenta tres urgencias simultáneas:
1. Asistir a los sobrevivientes
Miles de familias perdieron sus viviendas y necesitan refugio, alimentos, agua potable y atención médica.
2. Identificar cuerpos
Las morgues están saturadas y los equipos forenses trabajan con recursos limitados.
3. Evitar epidemias
La acumulación de cadáveres y la falta de servicios básicos elevan el riesgo de enfermedades infecciosas.
La tragedia de Venezuela entra en una fase dolorosa y compleja. El país llora a sus muertos, busca a sus desaparecidos y enfrenta una reconstrucción que demandará meses, recursos internacionales y una coordinación estatal que aún está puesta a prueba.
