El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la ofensiva conjunta con Israel logró destruir una planta secreta de uranio en Irán, destinada —según sus palabras— a la fabricación de un arma nuclear. La operación, bautizada Epic Fury, se lanzó el 28 de febrero sin aprobación del Congreso y busca un cambio de régimen en Teherán.

Una ofensiva de gran escala

En las primeras 48 horas, los ataques aéreos superaron los 2.000 objetivos, alcanzando instalaciones militares y gubernamentales. Según la narrativa oficial, la acción habría resultado en la muerte del líder supremo iraní, Alí Khamenei, junto con decenas de altos mandos políticos y militares.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró que la operación tiene objetivos “decisivos” para eliminar la amenaza de misiles balísticos y drones iraníes. “No se trata de una guerra de construcción nacional, sino de una respuesta de retribución”, enfatizó.

Escalada regional

La ofensiva provocó represalias inmediatas. El Departamento de Defensa confirmó la muerte de cuatro soldados estadounidenses en un ataque contra una base en Kuwait. Paralelamente, la Fuerza Aérea de Qatar derribó dos bombarderos iraníes Sukhoi SU-24 que sobrevolaban su espacio aéreo, marcando la primera intervención directa de una monarquía del Golfo en el conflicto.

Los misiles iraníes impactaron en instalaciones energéticas y aeropuertos comerciales de Dubai, Doha y Manama, generando interrupciones masivas en la producción de gas natural licuado (GNL).

Diplomacia fallida

El inicio de la operación se produjo tras el fracaso de las negociaciones diplomáticas en Ginebra. Trump advirtió sobre una “gran ola” inminente y sostuvo que la acción militar podría extenderse entre cuatro y cinco semanas, con la eventual participación de tropas terrestres.

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