La tensión en Oriente Medio alcanzó un nuevo nivel este viernes tras el bombardeo estadounidense contra un puente en construcción en Karaj, al oeste de Teherán. El ataque dejó al menos ocho muertos y cerca de un centenar de heridos, y provocó una dura advertencia del Ejército iraní, que prometió represalias “más devastadoras que nunca” contra objetivos estadounidenses, israelíes y sus aliados regionales.

La amenaza de Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró la ofensiva y anticipó que los próximos blancos podrían ser infraestructuras críticas. “Nuestras Fuerzas Armadas, las más grandes y poderosas del mundo, ni siquiera han empezado a destruir lo que queda en Irán. ¡Luego los puentes, después las centrales eléctricas!”, escribió en su plataforma Truth Social.

El mensaje generó preocupación internacional, ya que la eventual destrucción de instalaciones civiles podría constituir una violación del derecho internacional humanitario. Funcionarios estadounidenses defendieron la operación alegando que el puente era utilizado para transportar materiales vinculados a drones militares iraníes, mientras que Teherán insiste en que se trataba de infraestructura civil.

La respuesta iraní

El portavoz del Cuartel General Central de Jatam al Anbiya, teniente coronel Ebrahim Zolfaqari, advirtió que cualquier ataque contra puentes, centrales eléctricas o infraestructura energética “provocará ataques no solo contra todos los objetivos estadounidenses e israelíes en la región, sino también contra posiciones clave de sus aliados”.

En paralelo, se reportaron incidentes en el Golfo: un incendio en la refinería Mina al-Ahmadi en Kuwait tras un presunto ataque con drones, y daños en una planta desalinizadora, instalaciones vitales para el suministro de agua potable en la región. El ejército iraní aseguró que la guerra continuará hasta que sus enemigos enfrenten la “humillación” y la “rendición”.

Un conflicto sin freno

La escalada bélica comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear. En esa ofensiva murió el líder supremo Ali Khamenei, un hecho que marcó un punto de inflexión. Desde entonces, Irán respondió con ataques masivos de drones y misiles balísticos, además de bloquear el estratégico Estrecho de Ormuz.

Trump había asegurado que la guerra duraría “dos o tres semanas”, pero ya lleva más de un mes sin señales de desescalada. La comunidad internacional observa con creciente alarma el riesgo de que los ataques contra infraestructura crítica deriven en una crisis humanitaria y energética de alcance global.

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