Repaso sobre la situación económica argentina y luego analizó las consecuencias globales del conflicto en Medio Oriente, con especial foco en el impacto energético y financiero que ya se percibe en Asia, Europa y América Latina.
La economía argentina: suba de tipos de cambio y riesgo país en alza
Longobardi señaló que todos los tipos de cambio registraron incrementos simultáneos. El dólar oficial subió de $1.405 a $1.420, el blue alcanzó los $1.425, el MEP trepó a $1.431 y el contado con liquidación escaló de $1.433 a $1.491.
El índice S&P Merval avanzó 2,6% y el Banco Central compró US$ 208 millones en reservas, una de las adquisiciones más importantes de los últimos meses. Sin embargo, los bonos soberanos cayeron 1% y el riesgo país se elevó a 637 puntos básicos, el nivel más alto desde diciembre.
Destacaron fuentes que la devaluación no solo afectó al peso argentino, sino también a otras monedas latinoamericanas como el sol peruano, el peso colombiano, el chileno, el mexicano y el uruguayo, todas debilitadas frente al dólar.
El impacto global de la guerra en Medio Oriente
En el plano internacional, Longobardi subrayó que el conflicto en Medio Oriente está generando un fuerte shock energético. El barril WTI subió 5,7% hasta US$ 105,30 y el Brent alcanzó casi US$ 115, aunque con leves retrocesos posteriores.
La BBC informó que gobiernos de Asia y Europa han adoptado medidas extraordinarias para enfrentar la crisis: reducción de jornadas laborales, cierre de escuelas, liberación de reservas de petróleo y subsidios energéticos. Filipinas decretó emergencia nacional, Sri Lanka estableció feriados semanales para ahorrar combustible y Corea del Sur volvió a incrementar el uso del carbón y de la energía nuclear.
En Europa, España lanzó un plan de US$ 5.700 millones para mitigar el impacto, Alemania reguló el mercado energético y descartó compras de gas ruso, mientras Italia aplicará un IVA adicional para compensar a los consumidores.
En América Latina, Brasil eliminó impuestos al diésel y otorgó subsidios a importadores, México activó un programa de apoyo a la compra de combustibles y Chile enfrenta protestas por el aumento histórico en los precios de la energía. Argentina, en cambio, aún no ha anunciado medidas específicas para enfrentar la crisis.
Una amenaza global con efectos locales
El economista argentino Luis Secco advirtió que, aunque el país se encuentra relativamente protegido en materia energética, la prolongación del conflicto podría impactar en sectores clave como petróleo, gas, fertilizantes, alimentos, logística y comercio internacional. “El ombliguismo argentino nos hace pensar que el mundo nos queda lejos, pero la globalización ha acortado esa distancia”, señaló.
Secco también remarcó que la fase 4 del programa de estabilización no está dando los resultados esperados: la inflación persiste, el empleo no mejora y los salarios reales continúan deprimidos. En ese contexto, la guerra añade un factor de riesgo externo que podría agravar las tensiones internas.
Conclusión
El análisis refleja un escenario de doble presión: por un lado, la fragilidad de la economía argentina con tipos de cambio en alza y riesgo país elevado; por otro, el impacto global de un conflicto que amenaza con redefinir la seguridad energética y financiera mundial. La combinación de ambos factores configura un panorama incierto que exige atención tanto a las dinámicas internas como a las internacionales.
