La guerra en Medio Oriente dejó de ser un conflicto regional y se transformó en un shock global con efectos directos sobre la energía, la inflación y los mercados financieros. El estrecho de Ormuz, arteria crítica del comercio petrolero mundial, quedó prácticamente paralizado tras nuevos ataques iraníes sobre objetivos energéticos y marítimos. El resultado fue inmediato: el barril de crudo Brent superó los u$s 100 y las bolsas internacionales operaron en baja, mientras el dólar se fortaleció como refugio.

La mayor perturbación de oferta de la historia

La Agencia Internacional de Energía (AIE) advirtió que el episodio constituye “la mayor perturbación” del suministro de petróleo de la historia. Para contener el impacto, los países miembros acordaron liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, la mayor intervención coordinada jamás realizada. Sin embargo, el mercado reaccionó con escepticismo: la magnitud del corte en Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del crudo mundial, supera ampliamente la capacidad de compensación de las reservas.

El Brent tocó un máximo intradiario de u$s 101,59 el jueves 12 de marzo, antes de moderar la suba y ubicarse cerca de u$s 97. El WTI estadounidense se negoció en torno de u$s 91,6, con un avance de 5%. Reuters reportó que el alza se produjo tras nuevos ataques iraníes sobre infraestructura energética y petroleros en aguas iraquíes, lo que volvió a poner en duda la seguridad del flujo global.

El impacto sobre los mercados financieros

La crisis energética se trasladó de inmediato a los activos financieros. Las bolsas europeas y asiáticas cerraron con bajas generalizadas: Londres cedió 0,4%, París 0,5%, Frankfurt 0,1%, Tokio retrocedió 1% y Hong Kong perdió 0,7%. En Nueva York, el Dow Jones había caído 0,6% en la rueda previa.

El movimiento reflejó una lógica clásica: castigo a sectores sensibles al costo energético, como aerolíneas y transporte, y mejor desempeño relativo para petroleras, compañías de defensa y activos vinculados a commodities. El dólar, por su parte, volvió a fortalecerse como activo defensivo, en paralelo a una revisión de expectativas sobre tasas de interés más altas durante más tiempo.

Señales en la economía real

El shock petrolero ya empezó a impactar en la economía real. Air New Zealand anunció la cancelación de 1.100 vuelos por el encarecimiento del combustible, mientras Cathay Pacific aplicó recargos por jet fuel en la mayoría de sus rutas. Son señales tempranas de cómo el aumento del crudo se traslada rápidamente al transporte, la logística y, en última instancia, a los precios al consumidor.

Escalada regional y riesgos globales

AFP informó que en las últimas horas se registraron explosiones en Dubái, incendios en depósitos de combustible en Omán, un ataque con drones sobre el yacimiento saudita de Shaybah y daños en Kuwait. Además, dos petroleros fueron atacados frente a Irak, con al menos un muerto y varios desaparecidos.

La crisis también empieza a irradiarse hacia el sector corporativo: Reuters reportó que grandes firmas financieras comenzaron a evacuar oficinas en Dubái por amenazas vinculadas a la escalada regional. La AIE reconoció que la liberación de reservas equivale a apenas 20 días del volumen que normalmente transita por Ormuz, insuficiente si la interrupción se prolonga.

Un shock económico de primer orden

El saldo es un mercado dominado por la incertidumbre. El petróleo volvió a niveles que reactivan el miedo a una nueva ola inflacionaria global, las bolsas operan con cautela y el dólar gana terreno como refugio. La guerra en Ormuz dejó de ser una noticia militar para convertirse en un factor económico de primer orden, con efectos que pueden sentirse mucho más allá del Golfo: desde las tarifas aéreas hasta las decisiones de los bancos centrales.

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