La crisis en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta, volvió a instalarse en el centro de la agenda internacional. La Unión Europea (UE) analiza modificar el mandato de su misión naval Aspides, actualmente desplegada en el mar Rojo, para contribuir a la reapertura del tránsito de petróleo y gas en esa zona clave. La propuesta, impulsada por la jefa de política exterior del bloque, Kaja Kallas, refleja la creciente preocupación por el impacto económico y energético de la guerra.

Una misión en debate

Aspides fue lanzada en 2024 como respuesta a los ataques de los hutíes contra buques comerciales en el mar Rojo. Ahora, los ministros de Relaciones Exteriores de la UE discuten si es posible redirigir esa operación hacia el estrecho de Ormuz, cerrado de facto desde los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán. “Si queremos tener seguridad en esta región, lo más fácil sería utilizar la operación que ya tenemos allí y quizá modificarla un poco”, señaló Kallas antes de la reunión en Bruselas.

El desafío es político y operativo: los buques europeos pueden navegar por Ormuz, pero su mandato actual no les permite intervenir más allá de tareas de protección limitada. Cualquier cambio requeriría unanimidad entre los Estados miembros, un consenso difícil de alcanzar en un contexto de posiciones divergentes.

Presión internacional y tensiones con la OTAN

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presiona a sus aliados para que colaboren en la reapertura del estrecho. “¿Por qué estamos manteniendo el estrecho de Ormuz cuando en realidad está ahí para China y muchos otros países? ¿Por qué no lo hacen ellos?”, cuestionó el mandatario, al tiempo que advirtió que la OTAN enfrentará “un futuro muy malo” si sus miembros no ayudan frente a Irán.

Las declaraciones generaron respuestas dispares en Europa. El ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, recordó que la cláusula de defensa colectiva de la OTAN (Artículo 5) no aplica porque ningún miembro fue atacado directamente. En cambio, el canciller de Lituania, Kestutis Budrys, se mostró más abierto a un debate profundo dentro de la alianza. Reino Unido, por su parte, reconoció la preocupación por la crisis energética, pero evitó comprometerse a un rol activo en la guerra.

Resistencias dentro de la UE

No todos los países europeos apoyan la idea de ampliar el mandato de Aspides. El ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, expresó su escepticismo y afirmó que Berlín “no participará en esta disputa”. Italia también se mostró reticente, pese a tener un barco desplegado en la operación. Francia, en cambio, ya envió dos buques adicionales para reforzar la misión, en línea con su histórica presencia naval en la región.

Un diplomático europeo reconoció que el bloque espera compromisos adicionales de los Estados miembros, ya sea para fortalecer Aspides o para impulsar otras iniciativas regionales. Entre las alternativas, se baraja la creación de una “coalición de los dispuestos”, con países que estén dispuestos a actuar de manera más inmediata.

Impacto económico y energético

El bloqueo del estrecho de Ormuz mantiene en vilo a los mercados internacionales. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial transita por ese pasaje, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de presión directa sobre los precios de la energía. La escalada bélica disparó el valor del crudo y reavivó temores inflacionarios en Europa, donde los gobiernos enfrentan el desafío de contener el impacto sobre el crecimiento económico y el suministro de alimentos.

La discusión sobre Aspides refleja, en definitiva, la tensión entre la necesidad de garantizar seguridad energética y las diferencias políticas internas del bloque. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue cerrado y la incertidumbre se proyecta sobre los mercados globales.

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