El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman de la NASA se adentrará en el núcleo de la Vía Láctea para llevar adelante uno de los proyectos más ambiciosos de la astronomía moderna.
Durante 438 días, el instrumento observará seis regiones clave del centro galáctico, registrando datos cada doce minutos y ofreciendo un nivel de detalle sin precedentes sobre la historia oculta de nuestra galaxia.
El programa dedicará cerca del 75% de su misión principal, prevista para cinco años, a tres estudios inéditos. Entre ellos, un sondeo exclusivo sobre la región densamente poblada de estrellas que rodea el bulbo galáctico. “La enorme cantidad de datos permitirá estudiar restos estelares como agujeros negros de masa estelar y analizar estrellas gigantes rojas”, adelantó Dan Huber, investigador de la Universidad de Hawái y copresidente del estudio.
Un laboratorio cósmico para la evolución galáctica
Los datos que se obtengan servirán para comprender mejor los vínculos estructurales entre el bulbo central y la evolución de la Vía Láctea. El objetivo declarado de la misión es responder a algunos de los interrogantes más antiguos de la física y la astrofísica, desde la formación de estrellas hasta la dinámica de los sistemas planetarios.
El lanzamiento del telescopio está programado para mayo de 2027, aunque la NASA evalúa la posibilidad de adelantarlo a otoño de 2026 si el proceso de integración avanza según lo previsto. Jessie Christiansen, astrofísica del Instituto de Ciencia Exoplanetaria, subrayó que “el Roman permitirá por primera vez comprender nuestro sistema solar y la Tierra dentro del contexto más amplio de la población de exoplanetas de la Vía Láctea”. Y agregó: “Al observar el núcleo mismo de la galaxia con una continuidad sin precedentes, la misión promete transformar la forma en que entendemos el origen, la estructura y el futuro de nuestro hogar cósmico”.
Ciencia abierta y colaboración internacional
El Centro de Apoyo Científico Romano, con sede en el Instituto de Procesamiento y Análisis de Infrarrojos de Caltech (IPAC), será el encargado de procesar los datos. El sistema automatizado analizará información de cientos de millones de estrellas, detectando variaciones de brillo y eventos de microlente en tiempo casi real. Los resultados estarán disponibles públicamente poco después de su procesamiento, lo que fomentará la colaboración internacional y acelerará nuevos descubrimientos.
