China logró en 2025 un crecimiento del 5% de su PIB, equivalente a 140,19 billones de yuanes (20,4 billones de dólares), pese a un entorno internacional marcado por tensiones geopolíticas y una guerra comercial con Estados Unidos. Sin embargo, la composición de la demanda agregada reveló desequilibrios preocupantes: el consumo avanzó apenas 3,7% interanual, la inversión en activos fijos cayó 3,8% y la infraestructura registró su primer descenso anual desde que existen estadísticas.
En este contexto, el gobierno fijó para 2026 un objetivo de crecimiento de entre 4,5% y 5%, que dependerá de una política fiscal más expansiva y de un impulso decidido a la inversión en infraestructura.
Consumo y estímulos fiscales
El consumo final aportó más de la mitad del crecimiento del PIB en 2025, pero su dinamismo fue insuficiente. El gobierno aplicó medidas como la emisión de bonos a ultra largo plazo para renovar bienes de consumo, exenciones impositivas para vehículos de nuevas energías y subsidios para electrodomésticos. También aumentó el gasto en pensiones y programas de subsistencia.
Aun así, los hogares se mostraron cautelosos: el consumo depende de la confianza en ingresos permanentes, y la incertidumbre económica limitó el efecto de los estímulos.
La caída de la inversión
La inversión inmobiliaria se desplomó 17,2% y acumula tres años consecutivos de retrocesos superiores al 10%. La inversión manufacturera apenas creció 0,6%, mientras que la infraestructura cayó 2,2%. Solo la inversión en manufactura de alta tecnología mostró un desempeño positivo, con crecimiento de dos dígitos.
El gobierno respondió con medidas como la compra de viviendas no vendidas y la reducción de tasas hipotecarias, pero estabilizar el mercado inmobiliario llevará tiempo.
Infraestructura como motor
La caída de la inversión en infraestructura es el principal desafío. China necesita modernizar redes de transporte, energía, agua y comunicaciones, además de crear marcos que acompañen el envejecimiento poblacional. Solo la construcción y renovación de 700.000 kilómetros de tuberías urbanas en los próximos cinco años demandará más de 5 billones de yuanes.
La estrategia de “doble circulación”, que busca reducir la dependencia de la demanda externa y fortalecer la interna, coloca a la infraestructura en el centro de la política económica. A diferencia del estímulo al consumo, la inversión pública en obras tiene un efecto inmediato y no depende de la confianza de los hogares.
Espacio fiscal y perspectivas
China todavía cuenta con amplio margen fiscal y monetario. Con el deflactor del PIB en terreno negativo y sin presiones inflacionarias significativas, el gobierno puede elevar el déficit presupuestario para financiar proyectos de infraestructura sin riesgo de sobrecalentar la economía.
Los analistas señalan que, a diferencia de los paquetes de estímulo al consumo que en otros países generaron presiones inflacionarias, la inversión en infraestructura incrementa la capacidad productiva a largo plazo y contribuye a una composición más sostenible de la demanda agregada.
