La reciente licitación de caños para Vaca Muerta, adjudicada a la firma india Welspun en detrimento de Tenaris —la empresa insignia del Grupo Techint—, se convirtió en un caso testigo de la relación entre el Gobierno de Javier Milei y el establishment empresario. El episodio no solo puso en duda los puentes que Paolo Rocca intentó tender con la nueva administración, sino que también abrió un debate interno en el círculo rojo sobre el rol de la competitividad nacional, el “compre argentino” y los límites de la política económica libertaria.
De los aportes al balotaje a “Don Chatarrín”
El vínculo entre Rocca y el oficialismo comenzó apenas días después del balotaje de noviembre de 2023, cuando desde Techint reconocieron haber realizado aportes privados a la campaña de La Libertad Avanza. La intención era mostrar apoyo y construir canales de diálogo con el nuevo poder político. Sin embargo, la adjudicación de Southern Energy (SESA) a proveedores extranjeros marcó un quiebre.
El presidente Milei, acompañado por los argumentos de Federico Sturzenegger, apuntó directamente contra Rocca, a quien bautizó como “Don Chatarrín de los tubitos caros”. La acusación de sobreprecios y la negativa a aplicar medidas antidumping fueron interpretadas por el sector productivo como un gesto disciplinador: “Si Techint puede ser tratado así, nadie está a salvo”, resumió un industrial.
Silencio estratégico y el rol de la UIA
En el entorno de Rocca la estrategia es clara: dejar que la espuma baje. La empresa evalúa presentar una denuncia por dumping, pero evita confrontar públicamente. Durante los últimos dos años, el CEO del grupo mantuvo un tono moderado, aunque en eventos clave elevó el nivel de reclamo: en el Propymes 2024 cuestionó la competencia china y en la conferencia de la Unión Industrial Argentina (UIA) pidió una política industrial alineada con Occidente.
La UIA, donde Rocca tiene fuerte influencia, optó por enfriar la discusión. En lugar de defender el sobreprecio, enfocó el reclamo en las “asimetrías estructurales” que afectan la competitividad local: impuestos, logística y juicios laborales. “Lo esencial hoy es proteger la inversión y cumplir los objetivos del RIGI”, señalaron desde la central fabril, conscientes de que el Gobierno no aceptará el argumento del “compre nacional” si implica mayores costos.
Pases de factura en el círculo rojo
El conflicto también expuso tensiones dentro del empresariado. Algunos sectores criticaron la “torpeza” de Techint al no reaccionar a tiempo para igualar la oferta india mediante el mecanismo de First Refusal. Otros celebraron lo ocurrido como un cambio de época: “La apertura es buena, la competencia es sana y el país cambió. El proveedor nacional tiene que salir a competir y bajar sus costos”, sostuvo un CEO cercano al oficialismo.
La Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA), dirigida por Alejandro Gentile, difundió un video que, sin mencionar directamente el caso, subrayó la importancia de la seguridad y el cumplimiento de normas nacionales por encima del precio.
Socios y rivales en Vaca Muerta
Más allá del conflicto, Techint sigue siendo un actor central en el desarrollo energético. El consorcio liderado por Pan American Energy (PAE), junto a Golar, Harbour, Pampa Energía e YPF, rechazó la oferta mejorada de Tenaris por considerarla fuera de término. La pulseada continuará en la licitación del gasoducto que alimentará dos barcos de licuefacción en 2028, donde Techint competirá con Sacde, la firma de Marcelo Mindlin.
Además, Tecpetrol —otra empresa del grupo— es socia de varias compañías en el proyecto Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), previsto para 2026. El conglomerado energético que se conforma apunta a convertirse en un actor de peso en la política económica, comparable al agro, que hoy aporta el 75% de las divisas al Banco Central.
Un mensaje al establishment
La derrota de Techint en la licitación de Vaca Muerta trasciende lo económico: se convirtió en un mensaje político hacia el empresariado. El Gobierno busca mostrar que no habrá privilegios ni proteccionismo, incluso para los gigantes industriales. La grieta abierta en el círculo rojo refleja la tensión entre quienes reclaman reglas claras para competir y quienes celebran la apertura como un signo de cambio estructural.
