La guerra en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de tensión política en Estados Unidos con la renuncia de Joseph Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo. El funcionario dimitió en desacuerdo con la ofensiva contra Irán impulsada por la administración de Donald Trump, convirtiéndose en el primer alto cargo en dejar públicamente su puesto por este conflicto.
Una renuncia con mensaje político
En su carta, difundida en la red social X, Kent fue categórico: “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán”. Con pasado en fuerzas especiales, cuestionó los fundamentos de la escalada militar: “Irán no representaba una amenaza inminente contra nuestra nación”, y atribuyó la decisión bélica a la presión de Israel y su lobby en Washington.
El exfuncionario denunció además una campaña de desinformación previa al ataque: “Eso era una mentira y es la misma táctica que los israelíes utilizaron para arrastrarnos a la desastrosa guerra contra Irak”.
La respuesta de Trump
Desde la Casa Blanca, Trump minimizó la renuncia y cuestionó duramente a Kent: “Siempre pensé que era débil en materia de seguridad, muy débil. Es algo bueno que se haya ido”, declaró ante la prensa en el Despacho Oval.
Escalada militar en Medio Oriente
El conflicto con Irán se intensificó en junio de 2025, cuando Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes en coordinación con el gobierno de Benjamin Netanyahu. La operación derivó en doce días de enfrentamientos.
En febrero de 2026, Washington lanzó una nueva oleada de ataques, lo que agravó la situación regional. Irán respondió con acciones contra países vecinos y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.
Interna en el movimiento MAGA
La guerra también generó fisuras dentro del movimiento MAGA (Make America Great Again). Sectores conservadores cuestionan que Trump haya incumplido su promesa de evitar nuevos conflictos bélicos, uno de los ejes centrales de su campaña.
En ese contexto, la renuncia de Kent no solo representa un gesto individual, sino también un síntoma de la creciente división dentro del oficialismo frente a una guerra que, lejos de estabilizar la región, profundiza la incertidumbre global.
