El ex jefe de la barra brava de River Plate, Alan Schlenker, obtuvo un permiso excepcional para salir de la Unidad Penitenciaria 6 de Rawson y viajar a Trelew, donde conoció a su hija recién nacida. Condenado a prisión perpetua desde 2011 por el asesinato de Gonzalo Acro, el encuentro se produjo bajo estrictas medidas de seguridad y fue retratado en redes sociales.

Un permiso humanitario

El traslado se realizó con un protocolo especial en el sanatorio de Trelew, que permitió al ex barra cargar a su hija por primera vez. La escena fue difundida en la cuenta de Instagram de Schlenker, administrada por familiares, que reúne cerca de cien mil seguidores y donde el ex líder de Los Borrachos del Tablón mantiene activa su presencia pública.

El laberinto judicial

A pesar de este gesto humanitario, el panorama judicial de Schlenker continúa siendo complejo. El ex referente de la tribuna de Núñez fue condenado como coautor del homicidio de Gonzalo Acro, ocurrido en 2007, un episodio que marcó un antes y un después en la violencia vinculada al fútbol argentino.

Desde su celda, Schlenker sostiene que es víctima de una condena injusta y se autodefine como “preso político” de la anterior dirigencia del club. A través de sus redes sociales denuncia supuestas irregularidades en el proceso y afirma que no existen pruebas directas que lo vinculen con el ataque fatal.

Entre lo personal y lo judicial

El caso de Schlenker combina la dimensión íntima de un padre que busca acercarse a su hija con la persistencia de un reclamo judicial que lleva más de una década. Su figura sigue generando controversia: para algunos, un símbolo de la violencia en el fútbol; para otros, un condenado que insiste en su inocencia.

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