El precio de los combustibles volvió a colocarse en el centro de la escena económica argentina. En los últimos doce meses, la nafta súper registró un incremento del 63,6%, muy por encima de la inflación general del período, estimada en torno al 33%. El encarecimiento del surtidor se transformó en uno de los principales factores de presión sobre los precios, con impacto directo en el transporte, la logística y el consumo.

Un aumento que golpea al bolsillo

En la Ciudad de Buenos Aires, el litro de nafta súper pasó de $1.173 a $1.920 en un año. La suba se aceleró en las últimas semanas, en paralelo al conflicto en Medio Oriente, aunque el proceso de actualización ya venía en marcha desde meses anteriores.

La nafta súper representa cerca de la mitad de las ventas en estaciones de servicio y funciona como un termómetro de costos para el resto de la economía. Cualquier variación en su precio se traslada rápidamente a los bienes y servicios, generando un efecto multiplicador sobre la inflación.

El economista Fernando Marull advirtió que el impacto seguirá presente en el corto plazo: “En el IPC de marzo las naftas van a dar casi 10%”, señaló en su cuenta de X, anticipando la incidencia del combustible en el índice de precios.

Petróleo, impuestos y tensiones en la cadena

El precio en surtidor responde principalmente a dos factores: el valor internacional del crudo y la carga impositiva. El exsubsecretario de Combustibles Cristian Folgar explicó que el aumento del petróleo termina influyendo en los precios internos: “Si sube el precio internacional del crudo, habrá impacto en el surtidor, salvo que uno o más actores decidan no trasladarlo”.

Folgar también destacó que no se observan márgenes negativos generalizados en la cadena, pero sí tensiones sobre quién absorbe los costos. “Cada vez que hay un incremento fuerte se desata una puja para que el otro absorba parte del impacto”, afirmó, aludiendo a la disputa entre productores, refinadores, estaciones de servicio y el Estado.

La carga tributaria cumple un rol central: los impuestos a los combustibles suelen utilizarse como herramienta para moderar el traslado a precios, aunque su postergación implica menor recaudación y genera desequilibrios fiscales.

El contexto internacional y su efecto local

La escalada militar en Medio Oriente elevó la incertidumbre sobre el suministro de petróleo y volvió a poner en foco al Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del crudo mundial. La cotización internacional se disparó y, en la Argentina, el efecto fue doble: mejora la rentabilidad de las exportaciones energéticas, pero encarece las importaciones y la refinación, trasladando el costo al consumidor.

En el Índice de Precios al Consumidor, naftas y gasoil tienen un peso cercano al 3,8%, lo que asegura un impacto directo en el indicador. A ello se suma el efecto indirecto sobre transporte, alimentos y servicios, debido al encarecimiento de la logística.

Impacto en el consumo y la vida cotidiana

El aumento del combustible también se refleja en las decisiones de los consumidores. Durante el último fin de semana largo, la CAME señaló que muchos turistas eligieron destinos cercanos en parte por el encarecimiento de la nafta, lo que muestra cómo el precio en surtidor influye en la vida cotidiana.

Según datos de GlobalPetrolPrices.com, el valor de la gasolina en Argentina alcanzó recientemente niveles máximos históricos en pesos, reflejando una tendencia de fuerte incremento en los últimos años, en línea con la volatilidad internacional y los cambios en la política económica local.

Un desafío para la política económica

El encarecimiento de los combustibles se convirtió en uno de los principales desafíos para la política económica argentina. Su impacto transversal sobre la inflación, el transporte y el consumo obliga al gobierno a equilibrar la necesidad de recaudar con la urgencia de contener los precios en surtidor, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la volatilidad del crudo.

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