La guerra en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz se convirtieron en un nuevo frente de tensión entre Estados Unidos y China. El presidente Donald Trump advirtió que podría retrasar su cumbre con Xi Jinping si Pekín no colabora en asegurar la vía marítima, por donde transita cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. La amenaza llega en un momento en que los precios del crudo superan los US$105 por barril y las relaciones entre las dos mayores economías del mundo atraviesan un delicado equilibrio.
La presión de Washington sobre Pekín
En una entrevista con el Financial Times, Trump subrayó la dependencia de China del petróleo de Medio Oriente y reiteró su exigencia de que Pekín envíe barcos de guerra para escoltar embarcaciones comerciales en Ormuz. “Es apropiado que quienes se benefician del estrecho ayuden a garantizar que nada malo ocurra allí”, afirmó el mandatario. El viaje previsto a Pekín para finales de marzo podría posponerse, lo que refleja la urgencia de Washington por contrarrestar el control iraní sobre la ruta energética.
China, sin embargo, respondió con cautela. El diario estatal Global Times calificó la propuesta como un intento de Trump de “repartir el riesgo de una guerra que Washington inició y no puede terminar”. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, evitó comprometerse sobre el envío de barcos, aunque destacó que los contactos diplomáticos para la cumbre siguen en curso.
Negociaciones paralelas y resistencias internacionales
Mientras tanto, responsables comerciales de ambos países se reunieron en París para preparar la cumbre. Las conversaciones incluyeron temas sensibles como aranceles, fentanilo y Taiwán, además de la presión estadounidense para que China aumente sus compras de productos agrícolas y aviones de Boeing. Funcionarios de la administración Trump también buscan apoyo de aliados como Reino Unido, Corea del Sur y Japón, aunque la mayoría se muestra reticente a desplegar recursos en una zona de guerra activa.
Analistas como Wu Xinbo, de la Universidad Fudan, remarcan que China tiene pocos incentivos para involucrarse en un conflicto que considera ajeno. “¿Por qué deberíamos enviar barcos allí, con qué propósito? No creo que sea algo sensato para China en las circunstancias actuales”, señaló.
Antecedentes y posibles escenarios
Trump tiene antecedentes de utilizar amenazas de cancelación como táctica de negociación. En octubre pasado, amagó con suspender un encuentro con Xi y aumentar aranceles, aunque finalmente la reunión se concretó y permitió prolongar la tregua en la guerra comercial. Un aplazamiento de la cumbre de marzo podría incluso favorecer a Pekín, que había sugerido más tiempo de preparación para discutir cuestiones de seguridad y diplomacia, incluida la situación de Taiwán.
China, por su parte, mantiene capacidad militar para escoltar barcos, como lo demuestra su presencia en Yibuti y las operaciones recientes en el golfo de Adén. Sin embargo, expertos como Yun Sun, del Stimson Center, consideran más probable que Pekín opte por mediar diplomáticamente con Irán, buscando condiciones que también involucren compromisos de Estados Unidos e Israel.
Un pulso estratégico en plena crisis energética
La advertencia de Trump a Xi Jinping se suma a sus críticas a la OTAN, a la que acusó de enfrentar un “futuro muy malo” si los aliados europeos no ayudan en Ormuz. La presión refleja la magnitud de la crisis: el bloqueo del estrecho interrumpe flujos globales de energía y amenaza con agravar la inflación en Estados Unidos y Europa.
Para China, involucrarse en un conflicto “divisivo y peligroso” en Medio Oriente sería un riesgo en un momento de purgas militares internas y tensiones geopolíticas crecientes. La cumbre entre Trump y Xi, prevista como un espacio de diálogo estratégico, se convierte ahora en una pieza más de la negociación global sobre seguridad, energía y comercio.
