La costanera de la localidad bonaerense fue escenario de una marcha marcada por la memoria y la exigencia de justicia. Allí se encontraron las familias de Tomás Tello, el joven asesinado por una patota en Año Nuevo de 2024, y de Cristian Ruiz Vega, atropellado en enero pasado en Paraje Pavón. Dos historias distintas, atravesadas por la violencia, que confluyeron en un mismo reclamo.
La movilización por Tomás Tello
La convocatoria, organizada por la familia de Tello, buscó mantener visible el caso en plena temporada turística. Con pasacalles y folletos, los manifestantes recorrieron la costanera y el centro de Santa Teresita para recordar al joven de 18 años, asesinado tras ser perseguido y apuñalado por un grupo de vendedores ambulantes.
El proceso judicial ya fue elevado a juicio oral y son siete los acusados que deberán enfrentar cargos por “homicidio agravado por alevosía”. La madre de Tomás, Samantha Ferreyra, explicó que esperan que el debate oral comience entre mayo y junio de este año. “Las movilizaciones las hacemos cada temporada para visibilizar. Mucha gente todavía pregunta quién era Tomás, y nosotros seguimos recordándolo”, señaló.
El acompañamiento de la familia Ruiz Vega
La marcha tuvo un momento de especial emotividad con la presencia de Esther, madre de Cristian Ruiz Vega, el joven de 21 años que murió tras ser atropellado mientras volvía de trabajar en bicicleta. El caso, aún en investigación, apunta a un vehículo conducido presuntamente por un menor de edad. Cristian sufrió graves lesiones y falleció luego de más de diez días internado.
Esther se acercó a la familia de Tello y expresó su deseo de acompañarlos hasta el inicio del juicio. “La gente no se une y lo que nos ha pasado es muy triste. Le propuse a otras madres hacer una fundación, porque en estas situaciones es peor estar solos”, relató.
Dos tragedias, un mismo reclamo
El encuentro entre ambas familias dejó una imagen de unidad en el dolor y en la búsqueda de justicia. Mientras el caso Tello avanza hacia el juicio oral, el de Ruiz Vega continúa en etapa de investigación. Ambos reflejan la lentitud de los procesos judiciales y la necesidad de contención para quienes atraviesan pérdidas violentas.
La marcha en Santa Teresita se convirtió así en un símbolo de acompañamiento mutuo y en un recordatorio de que detrás de cada expediente hay familias que esperan respuestas. Dos historias distintas, pero unidas por la misma consigna: que la justicia llegue y que ninguna víctima quede en el olvido.
