La Justicia comercial declaró la quiebra de Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA), empresa que hasta hace pocos meses abastecía a la cooperativa SanCor con su línea de postres, yogures y flanes. La resolución implica el cierre definitivo de sus plantas y el despido de casi 400 trabajadores, en un nuevo golpe para el sector lácteo argentino.
La decisión fue tomada por el juez Federico Güerri, titular del Juzgado Comercial N°29, quien dispuso la liquidación total de la compañía tras el fracaso del concurso preventivo iniciado en diciembre de 2023. La principal planta de ARSA funcionaba en el partido bonaerense de Lincoln, donde empleaba a 180 personas. Otras 200 trabajaban en la fábrica y el centro de distribución que la firma mantenía en Córdoba. Su red logística alcanzaba a 165 distribuidores y abastecía semanalmente a más de 70.000 comercios en todo el país.
Un proceso sin oferentes ni rescate
La convocatoria de acreedores, que recibió luz verde judicial en marzo de 2024, no logró atraer interesados en sostener la actividad productiva ni en adquirir la empresa. En su presentación, ARSA atribuyó la crisis a la coyuntura económica, señalando el impacto de la inflación y las políticas de control de precios. Sin embargo, referentes del sector apuntan a problemas estructurales y deficiencias de gestión acumuladas durante años.
La firma había sido gestionada por el grupo Vicentin hasta mediados de 2022, con participación de fondos como BAF Capital. En su última etapa, la conducción quedó en manos de los empresarios venezolanos Manuel y Alfredo Fernández, también responsables de La Suipachense, otra compañía del rubro lácteo. Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) se denunciaron reiterados incumplimientos laborales, incluyendo pagos en cuotas, retrasos persistentes y sueldos abonados de forma parcial.
“En los últimos meses, los empleados solo recibían un cuarto del salario en efectivo, pese a cumplir con la jornada completa”, señalaron desde el gremio, que acompañó el proceso judicial con reclamos por la preservación de los puestos de trabajo.

Un actor histórico fuera del mercado
La quiebra de ARSA marca la salida de uno de los actores históricos de la industria láctea nacional. Bajo su órbita se producían los postres y yogures de SanCor, junto a marcas como Shimy, Sancorito, Sublime y Yogs, que integraban su catálogo principal. La pérdida de esta capacidad productiva genera incertidumbre sobre el abastecimiento y sobre el futuro laboral de cientos de familias.
El impacto se extiende también a SanCor, que atraviesa su propia crisis. A comienzos de 2025, la cooperativa anunció despidos generalizados y formalizó el inicio de su concurso preventivo de acreedores. La firma enfrenta deudas por unos 400 millones de dólares y su expediente quedó radicado en el Juzgado de Primera Instancia de Distrito en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, Santa Fe.
SanCor, entre la reestructuración y la incertidumbre
Desde 2017, SanCor inició un proceso de reorganización profunda, con medidas extrajudiciales y desinversiones en áreas productivas, comerciales y administrativas. La estrategia buscaba frenar el deterioro económico y estabilizar la operatividad, pero los resultados fueron limitados. Entre finales de 2023 y agosto de 2024, la actividad de la cooperativa se redujo drásticamente, dificultando aún más la posibilidad de revertir la crisis.
Directivos de la firma señalaron que exploraron distintas vías de recuperación, incluyendo negociaciones con un grupo empresarial que propuso un fideicomiso. Tras dos años de diálogo, la propuesta quedó sin efecto, agudizando las dificultades financieras y operativas.
La caída de ARSA y el debilitamiento de SanCor configuran un escenario complejo para la industria láctea argentina, que enfrenta desafíos estructurales, pérdida de capacidad instalada y un creciente deterioro del empleo formal. En este contexto, los trabajadores y sus familias quedan a la espera de respuestas que aún no llegan.
