Luis Fernando Iribarren, conocido como el “Carnicero de Giles”, falleció el pasado domingo 22 de febrero a los 61 años en el Hospital Mi Pueblo de Florencio Varela, donde se encontraba internado por un severo cuadro de neumonía. El deceso se conoció en las últimas horas y marca el final de una de las historias criminales más estremecedoras de la Argentina. Iribarren cumplía prisión perpetua por el asesinato de cinco integrantes de su familia, crímenes cometidos entre 1986 y 1995.
Una vida marcada por la violencia y el encierro
Iribarren fue condenado en 2002 a “reclusión perpetua con accesoria por tiempo indeterminado” tras comprobarse su responsabilidad en los homicidios de su padre, su madre, sus dos hermanos y su tía. La brutalidad de los hechos lo convirtió en uno de los nombres más recordados de la crónica policial argentina, junto a figuras como Carlos Eduardo Robledo Puch, “El Ángel de la Muerte”.
Durante sus casi tres décadas de reclusión, Iribarren se recibió de abogado, estudió periodismo y ciencias económicas, y llegó a tener presencia en redes sociales como TikTok, donde compartía reflexiones sobre Derecho y respondía consultas de estudiantes. Su perfil público generó controversia, al igual que el beneficio de salidas educativas que le otorgó el Juzgado de Ejecución Penal N.°1 de Mercedes.
La fuga que reavivó el temor social
En 2024, durante una salida educativa, Iribarren dejó su rastreador electrónico en la universidad y se fugó. Estuvo doce días prófugo hasta ser recapturado en Villa Atamisqui, Santiago del Estero, acompañado por su perra, lo que finalmente permitió dar con su paradero. El episodio reavivó el debate sobre los beneficios otorgados a condenados por delitos graves y puso en cuestión los mecanismos de control del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Los crímenes que estremecieron a San Andrés de Giles
El caso salió a la luz en 1995, tras el asesinato de su tía Alcira, enferma de cáncer. Vecinos alertaron a la policía por olores nauseabundos provenientes de la vivienda, y allí se descubrió que la mujer había sido asesinada a hachazos y enterrada en el jardín. La investigación reveló luego que Iribarren había matado años antes a su padre, su madre y sus dos hermanos, cuyos cuerpos fueron hallados en una casona de Tuyutí, a 25 kilómetros de San Andrés de Giles.
Las confesiones del propio Iribarren, cargadas de frialdad, estremecieron a la opinión pública. “Los maté porque les tenía bronca”, declaró en su momento, describiendo con detalle cómo disparó contra sus familiares mientras dormían.
Un cierre a una historia criminal
La muerte de Iribarren pone fin a la trayectoria de uno de los presos más antiguos del sistema penitenciario bonaerense. Su figura, marcada por la violencia, la fuga y la exposición pública desde la cárcel, deja un legado oscuro en la memoria colectiva.
El “Carnicero de Giles” se convirtió en símbolo de los debates sobre la peligrosidad criminal, la reinserción social y los límites de los beneficios penitenciarios. Su historia, atravesada por la brutalidad y el encierro, seguirá siendo referencia en la crónica policial argentina.
