La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció este viernes en Bruselas la aplicación provisional del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur. La decisión, que busca acelerar la entrada en vigor del tratado, generó apoyos y rechazos en distintos países del Viejo Continente y reavivó el debate sobre su impacto económico y social.

Un paso estratégico para Bruselas

Von der Leyen explicó que en las últimas semanas mantuvo conversaciones con Estados miembros y eurodiputados, y que sobre esa base la Comisión decidió avanzar sin esperar el fallo del Tribunal de Justicia de la UE sobre la legalidad del pacto, un proceso que podría demorar hasta 18 meses. “La aplicación provisional es, por naturaleza, provisional”, subrayó la presidenta, en un intento por moderar las críticas.

Según Olof Gill, vocero del ejecutivo comunitario, la Comisión notificará formalmente a los países del Mercosur y, tras el intercambio de notas, el acuerdo entrará en vigor de manera provisional dos meses después. El tratado contempla la eliminación de aranceles a más del 90% del comercio entre los 27 estados de la UE y los cuatro miembros fundadores del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), lo que representa un mercado potencial de más de 700 millones de consumidores y cerca del 30% del PIB mundial.

Apoyos en España y Alemania

El gobierno español, uno de los principales impulsores del pacto, celebró la decisión. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, sostuvo que “en un mundo más incierto, Europa no puede permitirse quedarse atrás”, y destacó que el acuerdo refuerza la autonomía y resiliencia de la UE.

Alemania también se mostró favorable. Su ministro de Relaciones Exteriores, Johann Wadephul, afirmó que la medida traerá “prosperidad y crecimiento”, alineándose con la visión de que el tratado abrirá nuevas oportunidades comerciales y fortalecerá la competitividad europea.

La resistencia de Francia

En contraste, el presidente Emmanuel Macron calificó la aplicación provisional como una “mala sorpresa” y un “mal gesto” de la Comisión. Francia encabeza desde hace años la oposición al acuerdo, presionada por sectores agrícolas y ganaderos que temen una competencia desleal frente a las exportaciones sudamericanas.

A finales de enero, el gobierno francés ya había advertido que consideraría “una violación democrática” cualquier intento de imponer el tratado sin la ratificación de todos los parlamentos nacionales. Von der Leyen, consciente de la tensión diplomática, reiteró su compromiso de mantener el diálogo con los sectores críticos.

Avances en Sudamérica

El anuncio europeo se produce luego de que los parlamentos de Argentina y Uruguay aprobaran el acuerdo esta semana, mientras que en Brasil y Paraguay el debate legislativo continúa. Para los países del Mercosur, la aplicación provisional representa una oportunidad de acceso preferencial a uno de los mercados más grandes del mundo, aunque también plantea desafíos en materia de competitividad y adaptación normativa.

Un pacto con impacto global

El acuerdo UE–Mercosur, negociado durante dos décadas, busca consolidar un bloque económico de alcance global. Sus defensores lo consideran un paso clave para diversificar cadenas de suministro y reforzar la cooperación estratégica entre Europa y América Latina. Sus detractores, en cambio, advierten sobre riesgos ambientales, sociales y productivos, especialmente en sectores sensibles como la agricultura.

La aplicación provisional abre un nuevo capítulo en la relación entre ambos bloques, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la necesidad de fortalecer alianzas comerciales frente a la competencia global.

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