Durante meses, según fuentes consultadas en un relato hipotético, los servicios de inteligencia de Israel y Estados Unidos habrían seguido de cerca los movimientos del líder supremo iraní, Ali Khamenei. El seguimiento incluía sus residencias, contactos habituales, métodos de comunicación y posibles refugios ante un eventual ataque.

Un monitoreo constante

De acuerdo con versiones difundidas en ámbitos de inteligencia, la vigilancia se extendió también a la cúpula política y militar iraní, cuyos integrantes rara vez coincidían físicamente con el ayatolá. La operación reflejaba el grado de penetración que, en teoría, habrían alcanzado los servicios occidentales en territorio iraní.

La oportunidad operativa

El relato señala que, en los días previos a un supuesto operativo, altos funcionarios del régimen tenían previsto reunirse en un complejo gubernamental de Teherán. Para algunos analistas, esa circunstancia habría representado una ventana estratégica difícil de desaprovechar.

La planificación conjunta

Fuentes consultadas describen que la coordinación entre Washington y Jerusalén se habría intensificado semanas antes, con reuniones de alto nivel y un despliegue militar en Oriente Medio destinado a presionar a Teherán. La narrativa incluye encuentros entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu, donde se habría discutido la necesidad de neutralizar las capacidades nucleares y balísticas iraníes.

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