La precarización laboral en la Argentina se profundiza y afecta de manera desigual a los distintos sectores sociales. Un estudio realizado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, revela que en el primer quintil de ingresos —es decir, el 20% de los trabajadores con menores salarios— la informalidad alcanza al 84,8%. En otras palabras, ocho de cada diez trabajadores de los sectores más vulnerables se desempeñan sin aportes ni protección social.
En el promedio general, la informalidad afecta a cuatro de cada diez trabajadores, con un incremento interanual de un punto porcentual. El fenómeno, sin embargo, presenta variaciones según la actividad, el género, la edad, el nivel educativo, la región y el tamaño de la empresa.
Radiografía de la informalidad
El informe de la UBA detalla que:
- Entre los asalariados, la tasa de informalidad es del 36,3%.
- Entre los trabajadores por cuenta propia, asciende al 63,4%.
- Entre los patrones, alcanza el 28,7%.
Las diferencias también se observan en otros factores:
- Género: 42,5% en hombres y 44,4% en mujeres.
- Edad: 67,4% en jóvenes.
- Educación: 67,5% en quienes no completaron la secundaria.
- Región: en San Juan, la informalidad llega al 60,9%.
- Actividad: el servicio doméstico (79,8%) y la construcción (72,6%) son los rubros más afectados.
Trabajo y pobreza: mitos y realidades
La organización Futuros Mejores analizó la relación entre empleo y pobreza, desmintiendo algunos prejuicios instalados en el debate público. Según su informe, sólo el 7,9% de las personas pobres en edad de trabajar están desempleadas. La mayoría, el 59%, tiene empleo en sectores como construcción, comercio e industria, aunque sus ingresos no les permiten superar la línea de pobreza. Además, un 18% realiza tareas de cuidado no remuneradas.
Uno de los mitos que el estudio derriba es el de la falta de esfuerzo: las personas pobres trabajan en promedio 41,8 horas semanales, más que las personas no pobres (40,2 horas). La diferencia radica en el grado de formalidad de los empleos, no en la voluntad de trabajar.
“La pobreza en Argentina hoy es, en gran medida, una consecuencia directa de la precarización laboral”, afirmó Daniela Maciel, politóloga y autora del estudio. Según el Indec, la informalidad escaló del 42% al 43% en el último año.
Limitaciones estadísticas y políticas públicas
Los investigadores advierten que la medición de la pobreza en Argentina sigue siendo exclusivamente monetaria, lo que invisibiliza dimensiones como el acceso a salud, educación, vivienda y servicios básicos. “Esta metodología tiende a ocultar desigualdades estructurales que requieren abordajes diferenciados”, sostienen.
El sociólogo Lisandro Rodríguez Cometta recordó que “en los últimos 30 años Argentina reformuló al menos diez veces sus programas para población en edad de trabajar, sin lograr resolver el problema estructural”. La eliminación reciente del programa Volver al Trabajo impactó especialmente en quienes realizaban tareas comunitarias, ya que más del 90% de los beneficiarios pertenecía a ese sector.
Un debate pendiente
La economista Lucía Cirmi Obón, otra de las autoras del informe, concluyó: “La idea de que la pobreza se explica por falta de esfuerzo, méritos o voluntad de trabajar no resiste ningún análisis. La enorme mayoría ya trabaja”.
El estudio propone mirar experiencias internacionales que combinan políticas de ingreso universal, empleo, formación y remuneración de cuidados, como alternativa para enfrentar un problema que, en Argentina, sigue siendo materia de discusión social y mediática.
