La economía argentina enfrenta un nuevo frente de tensión: la crisis de crédito. Con 20,5 millones de personas endeudadas y un cuarto de los préstamos en situación irregular, especialistas advierten que la combinación de salarios licuados, tasas elevadas y creciente morosidad puede retrasar la recuperación económica y prolongar la recesión del consumo.

Endeudamiento en alza y heterogeneidad en los canales de crédito

Durante 2025, cerca de 2 millones de argentinos accedieron a nuevos préstamos, lo que implicó un crecimiento del 8% respecto del año anterior. El universo de endeudados se amplió hasta alcanzar los 20,5 millones de personas, con un marcado aumento en las deudas contraídas fuera del sistema bancario tradicional.

Un relevamiento del Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia muestra que mientras los deudores exclusivos de entidades financieras se redujeron un 4%, aquellos vinculados únicamente a fintech y plataformas no bancarias crecieron un 18%. La expansión del crédito digital, sumada a la pérdida de poder adquisitivo, consolidó un escenario de mayor fragilidad.

Morosidad en ascenso: un cuarto de los préstamos en problemas

Según datos de la Central de Deudores (CENDEU), más de 2 millones de créditos ingresaron en situación de atraso en el último año. De ellos, un millón corresponde a fintech y entidades no financieras, 450 mil a bancos, y el resto a deudores con compromisos en ambos segmentos. En total, el 25% de los préstamos presenta algún tipo de irregularidad.

La mora de las familias alcanzó el 8,8% en entidades bancarias y trepó al 24,6% en el circuito no financiero, un nivel que refleja la vulnerabilidad de los hogares y la presión sobre el sistema de financiamiento.

Impacto en salarios, consumo y actividad

El economista Hernán Letcher (CEPA) advirtió que el aumento de la mora obliga a los hogares a recortar gastos: “Para pagar eso, tienen que consumir menos en otra cosa”. Además, señaló que la necesidad de cubrir incobrables consolida un esquema de tasas elevadas, lo que encarece aún más el financiamiento.

Por su parte, la economista y directora del Banco Ciudad, Delfina Rossi, subrayó que la irregularidad afecta tanto a individuos como a pequeñas y medianas empresas: “Lo vemos primero en individuos y en créditos a las pymes. La caída de la actividad industrial y la licuación de salarios explican gran parte de esta dinámica”.

Rossi también cuestionó la falta de regulación sobre las tasas de financiamiento en tarjetas y fintech: “Las tasas tocaron máximos en 2025 y el gobierno no puso topes. Eso genera comportamientos muy dañinos para los consumidores”.

El efecto multiplicador de la crisis de crédito

El director del CEPEC, Leo Anzalone, sostuvo que la crisis de crédito prolongará la caída del consumo y la actividad: “Cuando el crédito al consumo se frena o se encarece, desaparece el canal de suavización del gasto. En una economía con salarios reales negativos, eso impacta de lleno en bienes durables y semidurables”.

Anzalone explicó que la menor oferta de crédito reduce la demanda agregada, lo que obliga a las empresas a ajustar producción y empleo, retroalimentando la recesión. Aunque consideró que una eventual estabilización monetaria podría reactivar el crédito en el futuro, advirtió que mientras persistan salarios debilitados y tasas elevadas, la recuperación seguirá condicionada.

La crisis de crédito se consolida así como un factor estructural de la recesión argentina, con efectos directos sobre el consumo, la producción y el empleo. El desafío para la política económica será encontrar un equilibrio entre la estabilidad financiera y la necesidad de reactivar el crédito como motor de la demanda interna.

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