El Cadillac El Dorado II descapotable que Juan Domingo Perón encargó en 1955 —y nunca llegó a conducir— se encuentra actualmente en proceso de restauración en los talleres del Museo del Automóvil de la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Villa Real.
Tras décadas de uso protocolar y abandono en dependencias oficiales, el vehículo fue trasladado nuevamente al museo en 2025, donde el equipo encabezado por Luis Spadafora lleva adelante una puesta en valor integral. El objetivo es devolverle su estado de marcha para que pueda volver a cumplir funciones dentro del ceremonial presidencial, más allá de su valor histórico y simbólico.
Este Cadillac atravesó golpes de Estado, transiciones democráticas y visitas internacionales: llevó a Raúl Alfonsín en su asunción, paseó a Carlos Menem y Fernando de la Rúa, y hasta fue conducido por Hugo Chávez en 2006 en la Quinta de Olivos. Sin embargo, tras años de inmovilidad y deterioro, su rescate patrimonial se convirtió en una “patriada” asumida por especialistas y amigos del museo, que trabajan ad honorem para devolverle la vida.
Hoy descansa sobre caballetes en Villa Real, con apenas 18.000 kilómetros reales y un motor V8 que sigue intacto. La restauración incluye limpieza profunda del chasis, encamisado de la bomba de freno original y rectificación de campanas, con la meta de que el Cadillac vuelva a rodar como símbolo de continuidad institucional.
Spadafora sueña con que una norma oficial establezca su uso obligatorio en las ceremonias presidenciales: “Es el auto de todos los argentinos, el Cadillac más valioso del mundo por la carga histórica que tiene”.
