Las estrategias de desinformación y propaganda digital se han convertido en un campo de disputa central en la política internacional. Mientras en Argentina se investiga una presunta red de noticias falsas vinculada a Rusia, Estados Unidos activó una ofensiva diplomática global que ordena a sus embajadas reclutar voces influyentes locales para respaldar sus intereses y contrarrestar la propaganda extranjera.
Una directiva diplomática con alcance global
La iniciativa surge de un cable diplomático firmado por el Secretario de Estado, Marco Rubio, revelado por The Guardian. El documento instruye a todas las embajadas y consulados estadounidenses a desplegar campañas activas en redes sociales y espacios culturales, con el objetivo de “apoyar los intereses estadounidenses” frente a lo que se describe como una ofensiva coordinada de actores hostiles.
La estrategia se apoya en cinco ejes: contrarrestar mensajes adversos, ampliar el acceso a información, exponer conductas de actores rivales, amplificar voces locales afines y reforzar lo que se define como “contar la historia de Estados Unidos”. Para ello, se promueve el reclutamiento de académicos, periodistas, líderes comunitarios e influencers, con la intención de que los mensajes aparezcan como orgánicos dentro de cada sociedad.
Uno de los aspectos más sensibles es la coordinación con la unidad militar MISO (Military Information Support Operations), dependiente del Pentágono y asociada históricamente a operaciones psicológicas. La combinación explícita de diplomacia pública con estructuras militares marca un giro en la política exterior estadounidense.
La batalla por la narrativa
La subsecretaria de diplomacia pública, Sarah B. Rogers, declaró que la lucha contra la propaganda extranjera es ahora una “prioridad absoluta” y que se utilizarán “todas las herramientas del arsenal diplomático”. El cable también ordena que la ayuda exterior estadounidense sea claramente identificada con símbolos nacionales, y que más de 700 “espacios estadounidenses” —bibliotecas, centros culturales y programas de intercambio— sean reposicionados como nodos de información “sin censura”, presentados como bastiones de libertad de expresión.
La estrategia se enmarca en un diagnóstico más amplio: Washington advierte sobre campañas de influencia provenientes de Rusia, China e Irán, desplegadas mediante medios estatales, redes sociales y operaciones encubiertas. Según el cable, estas acciones representan “una amenaza directa para la seguridad nacional” de Estados Unidos y sus aliados.
El caso argentino: denuncias de una red rusa de fake news
La difusión del cable coincidió con el impacto local de una investigación de OpenDemocracy, amplificada por la senadora Patricia Bullrich y el presidente Javier Milei. El informe denunció la existencia de una red vinculada a Rusia dedicada a infiltrar contenidos falsos en medios y redes sociales argentinas, con el objetivo de erosionar al gobierno y cuestionar su alineamiento internacional con Estados Unidos y Ucrania.
Los documentos analizados describen una estructura denominada “La Compañía”, presuntamente vinculada al servicio de inteligencia exterior ruso. Según la investigación, esta red habría operado en más de 20 países de África y América del Sur durante 2024, con un presupuesto estimado en 283 mil dólares. En Argentina, se detectaron al menos 250 publicaciones entre junio y octubre de ese año, con críticas a la política económica y mensajes favorables a Rusia.
Uno de los aspectos más delicados fue la aparición de periodistas inexistentes, firmas falsas y perfiles creados con imágenes generadas digitalmente. Varios artículos llegaron a redacciones locales a través de intermediarios que se presentaban como agencias o consultoras, sin controles editoriales estrictos.
Una disputa que trasciende fronteras
El cruce de acusaciones refleja un escenario global donde la diplomacia, la comunicación estratégica y la influencia digital se entrelazan. Estados Unidos busca reinstalar su narrativa en un mundo cada vez más fragmentado, mientras actores como Rusia exploran nuevas formas de penetrar en las sociedades mediante operaciones encubiertas.
La disputa por la “visión estadounidense” y la contraofensiva de propaganda extranjera no solo se libra en los despachos diplomáticos, sino también en las pantallas de millones de usuarios. En ese terreno, las embajadas, las redes sociales y los influencers se han convertido en piezas clave de una batalla silenciosa que redefine la política internacional contemporánea.
