La clasificación de la Selección Argentina a la final del Mundial 2026 desató una celebración masiva en todo el país y, como marca la tradición, el Obelisco volvió a convertirse en el epicentro de una verdadera misa popular. Apenas el 2-1 ante Inglaterra quedó sellado en Atlanta, miles de personas comenzaron a llegar al monumento porteño para celebrar una victoria cargada de historia, simbolismo y emoción colectiva.
La postal se repitió como en los grandes hitos deportivos: banderas argentinas, camisetas albicelestes, fuegos artificiales y cánticos que hicieron vibrar la avenida 9 de Julio. Si en diciembre de 2022 cinco millones de personas colmaron las calles para recibir a los campeones del mundo, esta vez se vivió la antesala de lo que podría ser otra reunión multitudinaria en caso de que Argentina conquiste el bicampeonato.
Una fiesta que desbordó cualquier previsión
La Policía de la Ciudad había montado desde temprano un operativo preventivo con vallas alrededor del Obelisco y cortes de tránsito inmediatos tras el final del partido. Fue el primer despliegue de este tipo durante el Mundial. Sin embargo, la marea humana superó cualquier cálculo: miles de hinchas coparon la zona con bombos, cornetas y el clásico “El que no salta es un inglés”, convertido en el himno espontáneo de esta semifinal.
El cielo porteño se iluminó con fuegos artificiales y la 9 de Julio quedó teñida de celeste y blanco. En medio del festejo, Lionel Scaloni envió un mensaje al país:
“Este grupo no deja de sorprenderme”, agradeciendo el acompañamiento popular en cada instancia del torneo.
El festejo también estuvo atravesado por el valor simbólico del cruce. La rivalidad con Inglaterra arrastra memoria histórica desde México 1986, y esta vez se sumó un gesto de los propios jugadores, que en pleno campo de juego levantaron un cartel de contenido político que un hincha había llevado al estadio de Atlanta.
Celebraciones en todo el país
La fiesta no se limitó a la Capital. En Villa Urquiza, miles de personas se reunieron en Triunvirato y Olazábal, otro punto tradicional de encuentro. En Córdoba, Mendoza, Rosario, Santa Fe, Tucumán, Paraná, Posadas, Bahía Blanca y Mar del Plata, entre muchas otras ciudades, las plazas y avenidas se llenaron de hinchas celebrando la clasificación.
El folclore popular también dejó su marca: el “remo vikingo”, gesto que los hinchas argentinos adoptaron como burla hacia Noruega y como revancha simbólica frente a Inglaterra, volvió a aparecer en cada rincón del país.
Un Obelisco que ya venía encendido
No fue la primera vez que el Obelisco se colmó durante este Mundial. Ya había sido escenario de festejos tras la remontada ante Egipto en octavos y después del 3-1 frente a Suiza en cuartos, aunque aquella celebración terminó con un operativo policial que incluyó gases y balas de goma.
Esta vez, la fiesta fue masiva, espontánea y pacífica, marcada por el desahogo de una sociedad que atraviesa desafíos económicos y tensiones políticas, pero que encontró en el fútbol un punto de unión y alegría colectiva.
