La economía argentina enfrenta un dilema de alta complejidad: liberar utilidades retenidas de las multinacionales o preservar la frágil acumulación de reservas del Banco Central (BCRA). En un contexto marcado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la volatilidad de los flujos financieros globales, el Gobierno se encuentra ante un escenario donde cada decisión puede tener consecuencias inmediatas sobre el mercado cambiario.
Un stock multimillonario latente
Según cálculos de la consultora MAP, en mayo se abrirá una ventana que permitirá la salida de unos USD 3.500 millones correspondientes a utilidades de 2025. La normativa vigente habilita a las empresas a girar sus ganancias una vez cerrados y auditados los balances, sin necesidad de autorización previa del BCRA. En paralelo, persiste un stock acumulado de alrededor de USD 10.000 millones en dividendos retenidos por medidas cambiarias anteriores.
Los sectores más expuestos son alimenticio, telecomunicaciones, energético, bancario y minero. En el caso del sistema financiero, una disposición de marzo permite repartir hasta el 60% de las utilidades en tres cuotas consecutivas, lo que podría acelerar la presión sobre el mercado.
El “botón rojo” corporativo
El presidente Javier Milei aludió a este poder de fuego en su discurso de apertura de sesiones ordinarias, al denunciar una presunta maniobra extorsiva de Techint vinculada al adelanto de dividendos. Aunque no hubo denuncia formal, el mensaje expuso la tensión entre el Gobierno y el capital privado, y dejó en evidencia el riesgo de que las multinacionales utilicen la salida de utilidades como herramienta de presión sobre el tipo de cambio.
RIGI como alternativa de salida
Ante la incertidumbre, varias firmas extranjeras aceleran su ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que garantiza inmunidad frente a futuros cepos cambiarios y otorga libre disponibilidad de divisas de exportación en un cronograma progresivo. El régimen también protege el giro de dividendos y habilita la resolución de conflictos en tribunales internacionales como el CIADI, lo que lo convierte en un paraguas legal atractivo para capitales que buscan previsibilidad.
Estrategias fragmentadas
Las respuestas empresariales muestran divergencias. Algunas compañías de consumo masivo optan por liquidar utilidades vía dólar Contado con Liquidación (CCL), aprovechando la baja brecha cambiaria. En cambio, en la industria manufacturera, las casas matrices imponen operar exclusivamente por canales oficiales, lo que limita la flexibilidad de las filiales locales.
Un economista que asesora a firmas energéticas advirtió que parte de las utilidades retenidas se reinvirtieron en activos locales, lo que representa una señal positiva en el corto plazo. Sin embargo, alertó que un desarme simultáneo de esas posiciones en pesos podría generar una demanda abrupta de dólares, con efectos desestabilizadores.
El impacto geopolítico y las reservas
La guerra en Medio Oriente, con Estados Unidos e Irán como protagonistas, añade un factor de riesgo externo. La consultora Vectorial señaló que el mercado cambiario enfrenta fuerzas contrapuestas: mayores ingresos por el alza del petróleo, pero también una creciente aversión al riesgo que impulsa un “flight to quality” hacia activos seguros.
En las pizarras, la tensión ya se refleja. Portfolio Personal de Inversiones (PPI) detectó un incremento de USD 608 millones en el interés abierto de futuros de dólar desde el inicio del conflicto, mientras que las operaciones en LELINK cortas alcanzaron USD 117,5 millones, indicador de intervención oficial.
Aunque el BCRA logró su mayor compra en 20 ruedas al adquirir USD 132 millones, las reservas brutas cayeron USD 793 millones, con un desplome en la valuación del oro y un saldo negativo de USD 359 millones sin pagos programados del Tesoro.
El límite del BOPREAL
La autoridad monetaria enfrenta además restricciones para emitir nuevos BOPREAL de corto plazo, dado el elevado calendario de vencimientos hacia 2027. Estos bonos, entregados a importadores para cancelar deudas comerciales y utilidades pasadas, configuran una pesada carga futura. En ese marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, deslizó la posibilidad de un refinanciamiento durante el simposio del Instituto de Ejecutivos Argentinos de Finanzas (IAEF).
