La negociación salarial de la industria aceitera atraviesa su momento más tenso del año. Este martes, una nueva audiencia entre CIARA y los gremios del sector volvió a terminar sin avances, mientras la conciliación obligatoria vence el 18 de junio y crece el temor a un nuevo paro que podría paralizar los puertos agroexportadores y generar pérdidas millonarias.
Aunque las partes mantienen el diálogo abierto, la distancia entre las posiciones es profunda:
- CIARA propone una actualización mensual automática por inflación.
- Los gremios exigen un salario mínimo de $2,8 millones, basado en la definición legal del Salario Mínimo Vital y Móvil.
La propuesta empresaria: actualización mensual por IPC
La Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) planteó un esquema de indexación mensual según el IPC del INDEC. Según la entidad:
- garantiza que los salarios no pierdan contra la inflación,
- es “la única alternativa viable” para sostener el poder adquisitivo,
- y podría firmarse “de inmediato”.
CIARA sostiene que el salario inicial aceitero ya se ubica 67% por encima del promedio del empleo privado registrado, y que el salario promedio ponderado del sector alcanza los $4,9 millones.
Además, remarcan que desde enero los sueldos acumulan una suba del 13,5%, por encima de la inflación del período.
La respuesta gremial: “No vamos a aceptar que cambien las reglas del juego”
Los sindicatos —FTCIODyARA y SOEA San Lorenzo— rechazaron la propuesta y defendieron el criterio histórico con el que negocian desde hace más de 20 años: el salario mínimo debe surgir de la definición constitucional y legal del SMVM.
El cálculo que realizan con datos oficiales del INDEC arroja un salario mínimo de $2.802.754.
El secretario general Daniel Yofra fue categórico:
“Pedimos lo que dice la ley. No más, no menos. Nadie quiere el conflicto, pero no vamos a aceptar que cambien las reglas”.
Actualmente, el salario mínimo aceitero ronda los $2,34 millones.
Qué puede pasar si no hay acuerdo
Aunque por ahora no hay medidas de fuerza anunciadas, los gremios advierten que volverán a la huelga si no reciben una propuesta que respete su metodología de cálculo.
Un paro aceitero implica:
- frenar la molienda de soja y girasol,
- detener embarques en los puertos del Gran Rosario,
- afectar el ingreso de divisas,
- y generar pérdidas millonarias en pocas horas.
El sector agroexportador es el principal generador de dólares del país, por lo que una paralización tendría impacto macroeconómico inmediato.
Los números que esgrimen los sindicatos
Los gremios aseguran que las empresas tienen margen para otorgar la recomposición:
- la capacidad instalada pasó del 73% al 76% en seis meses,
- el salario reclamado representa solo el 3,3% de las exportaciones del complejo,
- y el sector obtuvo beneficios extraordinarios por la baja de retenciones.
Yofra lo sintetizó así:
“Solo con la ganancia adicional por la baja de retenciones —US$ 3.740 millones— pueden pagar cinco años de salarios y aguinaldos a todos los trabajadores”.
¿Habrá extensión de la conciliación?
En el sector dan por probable que la Secretaría de Trabajo extienda la conciliación obligatoria hasta el 25 de junio, para evitar un conflicto que afecte la actividad portuaria en plena temporada alta.
Sin embargo, la tensión crece y el margen político para una prórroga indefinida es limitado.
Un conflicto que puede escalar
Con posiciones rígidas y un calendario ajustado, la negociación aceitero‑empresaria se encamina a una definición crítica. Si no hay acuerdo antes del 18 —o de una eventual prórroga—, el país podría enfrentar una nueva paralización de los puertos, con impacto directo en exportaciones, recaudación y reservas.
El reloj corre y la industria más estratégica del país vuelve a estar al borde del conflicto.
