Mientras el Banco Central de la República Argentina (BCRA) insiste en que la crisis crediticia atraviesa su etapa final, en la City porteña predomina una lectura muy distinta. Las principales entidades financieras del país observan un deterioro persistente en la capacidad de pago de las familias y anticipan que la irregularidad seguirá en aumento, impulsada por la recesión, la caída del salario real y la destrucción de empleo.
Un nuevo cálculo oficial que contradice el relato previo
El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, presentó esta semana un informe ante la Fundación Mediterránea que reconfiguró la narrativa oficial. Según el documento, el pico de la mora no ocurrió en el verano —como había afirmado el titular del organismo, Santiago Bausili— sino recién en el segundo trimestre de 2026.
La actualización implica un reconocimiento tácito de que el deterioro en la cadena de pagos se extendió más de lo previsto. Meses atrás, Bausili había asegurado que “el proceso de digestión de la mora está muy avanzado” y que varios bancos ya habían atravesado su peor momento entre diciembre y marzo. Sin embargo, los datos recientes muestran que la irregularidad no solo no cedió, sino que continúa escalando.
Los números rojos de las familias: la mora sigue en ascenso
Un informe de la consultora 1816, que suele anticipar con precisión los datos del Informe de Bancos del BCRA, reveló que la mora de familias pasó de 12,1% en abril a 12,7% en mayo. Se trata de la decimonovena suba consecutiva del indicador.
La explicación es estructural:
- El stock de deuda impaga sigue creciendo.
- La base total de créditos permanece estancada.
- La originación de nuevos préstamos es mínima.
En este contexto, la irregularidad no logra diluirse y expone la fragilidad del sector privado.
El informe agrega un dato alarmante:
Más del 27% de las personas que tomaron préstamos dejaron de ser “sujetos de crédito” por encontrarse en mora, incluyendo créditos de entidades no financieras.
La irregularidad en los créditos a familias era de apenas 2,5% en octubre de 2024, lo que implica que se multiplicó por más de cinco en solo 19 meses, un fenómeno sin antecedentes desde la salida de la Convertibilidad.
Salarios deprimidos y la ilusión fallida de la “licuación contable”
En los bancos —públicos y privados— coinciden en que el problema no se resolverá con ajustes microeconómicos. En una entidad estatal explicaron que el aumento de la morosidad no responde a fallas en la evaluación de riesgo, sino a la política económica vigente.
Las dos variables críticas son:
- La caída abrupta del salario real.
- La destrucción de puestos de trabajo formales.
El diagnóstico interno es que se están reemplazando empleos de ingresos medios y altos por ocupaciones de baja remuneración y escasa estabilidad. Sin recuperación del poder adquisitivo, la mora no bajará de manera sostenida.
En la banca privada, la cautela domina. Aunque el ritmo de aumento de la mora se desacelera, el nivel de irregularidad sigue en alza. El Gobierno apostaba a una “licuación contable”: que la originación de nuevos créditos creciera lo suficiente como para ampliar la cartera total y reducir el porcentaje de morosidad. Pero ese efecto nunca llegó.
Las entidades que fueron más agresivas en la originación al inicio del ciclo y sufrieron un salto de mora adoptaron rápidamente una postura conservadora. Con la oferta frenada y el crédito real en caída, el indicador quedó atrapado en niveles elevados.
Un proyecto de alivio impositivo en la Provincia de Buenos Aires
En paralelo, los bancos siguen de cerca un proyecto de ley que avanza en la Legislatura bonaerense para incentivar la reestructuración de pasivos. La iniciativa propone una exención del 50% en Ingresos Brutos sobre los intereses de préstamos refinanciados con atrasos de entre 60 y 180 días, siempre que se pacten:
- a tasa fija inferior al 35% anual,
- y a plazos no menores a 24 meses.
Las entidades privadas señalan que ya cuentan con herramientas propias incluso más favorables, pero admiten que el régimen podría facilitar la renegociación de deudas con menor carga impositiva.
El “lado B” de las estadísticas: refinanciaciones y mora oculta
El economista y exvicepresidente del BCRA, Jorge Carrera, advirtió que el problema central reside en los ingresos familiares.
“Los ingresos de las familias han caído fuertemente. Ese fenómeno es el que lleva a la dificultad para afrontar el pago de las cuotas”, explicó.
Carrera sostuvo que la crisis se originó en una “trampa de expectativas”:
- Las familias se endeudaron en un contexto de expectativas positivas.
- Luego, la volatilidad de tasas y la caída del ingreso disponible deterioraron su capacidad de pago.
El exfuncionario también alertó sobre la subestimación del problema en las estadísticas oficiales:
“La morosidad que se muestra es menos profunda de lo que la realidad indica. En los bancos públicos se evita que los créditos pasen a mora mediante refinanciaciones y cuotas adicionales.”
Fuera del sistema tradicional, el panorama es aún más grave:
“La morosidad en las fintech es altísima porque son créditos muy usurarios. Es un sistema perverso donde los buenos pagadores terminan pagando muy caro.”
Un mercado crediticio deprimido y sin señales de recuperación inmediata
Mientras las tarifas continúan restando ingreso disponible y los salarios —salvo excepciones sectoriales— pierden contra la inflación, el mercado crediticio permanece paralizado. Carrera sintetizó el fenómeno:
“La gente que tiene buenos ingresos no necesita crédito. Es una típica crisis de crédito en un contexto de recesión.”
Los bancos, concluyó, deberán “deglutir” la morosidad acumulada antes de retomar una dinámica expansiva. La recuperación, advierten, será lenta y dependerá de una mejora sustancial en los ingresos reales y en la actividad económica.
