El anuncio del denominado “súper RIGI”, difundido por el presidente Javier Milei a través de sus redes sociales, provocó un fuerte desconcierto en el círculo rojo. La dirigencia empresarial interpretó el mensaje como un intento del Gobierno por sostener el clima de negocios mediante un golpe de efecto discursivo, en un contexto donde la economía real continúa sin señales de reactivación. La promesa de un régimen de incentivos ampliado, orientado a sectores tecnológicos de frontera, chocó de inmediato con interrogantes estructurales que el oficialismo aún no logra despejar.
Un anuncio grandilocuente sin letra chica
El Presidente eligió un tono épico para presentar la iniciativa. “Dado que no podemos comprarnos un B2 Spirit, no me queda otra que lanzar una mega bomba desde el avión presidencial”, escribió Milei en X, anticipando el envío al Congreso de un proyecto con “mayores ventajas que el RIGI original” y destinado a “sectores que nunca han existido en Argentina”.
La estrategia comunicacional buscó instalar la idea de un salto tecnológico capaz de reposicionar al país en la frontera global. Milei habló de “crear nuevas empresas” orientadas a los sectores dinámicos de la economía del futuro, un mensaje que apuntó directamente a la industria de servicios basados en conocimiento y a la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial.
Para reforzar la narrativa, el ministro de Economía Luis Caputo aseguró que el diseño del esquema lleva meses de trabajo en el quinto piso del Palacio de Hacienda. “Va a implicar más inversiones, mayor producción, mayor empleo y mayor recaudación”, afirmó, en un intento por blindar la iniciativa frente al escepticismo corporativo.
La apuesta por la inteligencia artificial y el límite energético
En el sector privado circula una hipótesis concreta sobre los “sectores que nunca existieron”: la instalación en Argentina de centros de datos de inteligencia artificial de escala global. Meses atrás, cuando Demian Reidel aún presidía Nucleoeléctrica Argentina, se mencionaba a OpenAI como un posible inversor interesado en un anclaje local. Según fuentes del ecosistema tecnológico, al menos cuatro hyperscalers —las corporaciones que dominan el procesamiento de datos y la nube a nivel mundial— manifestaron interés en explorar proyectos de infraestructura de IA en el país.
Sin embargo, la ambición choca con un obstáculo físico inmediato: la energía. Los centros de datos de IA requieren un suministro eléctrico constante, estable y de gran escala, algo que la red nacional no puede garantizar sin comprometer el consumo residencial y productivo.
La solución técnica que evalúan algunas empresas es la instalación de Reactores Modulares Pequeños (SMR), una tecnología nuclear compacta que permitiría dotar de autonomía energética a estas infraestructuras. Pero se trata de inversiones de altísimo CAPEX, con plazos largos y un marco regulatorio aún incierto.
El embudo normativo: entre el RIGI y el RIMI
Mientras el Gobierno mira a Silicon Valley, el empresariado local advierte sobre un problema más terrenal: la trampa de escala que genera el actual Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El esquema ofrece estabilidad fiscal por 30 años y acceso preferencial a divisas, pero exige un piso de USD 200 millones, una barrera inalcanzable para la mayoría de las empresas nacionales.
“Hay compañías demasiado chicas para el RIGI y demasiado grandes para el RIMI”, sintetizó un directivo industrial, en referencia al Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones. Esa zona gris deja fuera del alivio fiscal al núcleo productivo que sostiene el empleo formal en las provincias.
Incluso empresarios afines al ideario desregulador del Gobierno reconocen la repetición de un patrón. “Es más de lo mismo: promoción de inversiones, desregulación y baja del gasto público. No pueden hacer otra cosa, ya están jugados en esa dirección”, analizó un referente del sector agropecuario.
Incredulidad, falta de información y un horizonte que no aparece
El desconcierto del círculo rojo se alimenta de la ausencia de precisiones técnicas. Voceros corporativos vinculados a multinacionales admiten, en estricto off the record, que no existe información concreta sobre los sectores no tradicionales que el Gobierno pretende convertir en motores del desarrollo. “No tengo información sobre sectores no tradicionales que ingresarán como motor de desarrollo”, señaló una fuente con llegada a directorios globales.
El diagnóstico que se repite entre ejecutivos y consultores es que la administración Milei necesita fabricar un horizonte de prosperidad inmediata para sostener expectativas, en un contexto donde los indicadores de alta frecuencia muestran una actividad económica estancada y sin señales claras de recuperación.
El “súper RIGI” aparece así como una apuesta discursiva de alto impacto, pero con un nivel de incertidumbre que, por ahora, profundiza más dudas que certezas en el establishment.
