En Medio Oriente se reaviva el miedo a un conflicto de gran escala tras la reciente escalada militar entre Israel e Irán, cuyas hostilidades escribieron un nuevo y alarmante episodio en su larga rivalidad.
En apenas cinco días, la región vivió un aumento de ataques aéreos, explosiones, edificios derrumbados, víctimas civiles en ambos bandos y un clima de incertidumbre que hizo sonar las alarmas de la comunidad internacional.
El detonante de este nuevo enfrentamiento fue la ofensiva lanzada por el gobierno israelí el viernes pasado. Bajo el nombre de «Operación Nación de Leones», las fuerzas armadas de Israel ejecutaron bombardeos sobre instalaciones militares y centros vinculados al programa nuclear iraní. El primer ministro Benjamín Netanyahu justificó la embestida afirmando que busca eliminar «el núcleo» de la capacidad nuclear de Irán, país al que acusa de poseer uranio enriquecido suficiente para producir múltiples armas atómicas en corto plazo.
Este ataque aéreo, calificado por Netanyahu como una medida de «autodefensa», dejó como saldo la muerte de figuras clave dentro de la estructura de seguridad iraní, entre ellos Ali Shamkhani, uno de los más cercanos asesores del líder supremo Alí Jamenei y figura central en la negociación con Washington sobre el acuerdo nuclear. La ofensiva terminó de dinamitar el frágil diálogo que ambas naciones habían retomado apenas dos meses atrás, y que tenía prevista una nueva ronda de conversaciones el domingo pasado.
Escalada sin freno
Como respuesta, Teherán declaró que su país no buscó la confrontación, pero que replicará con igual contundencia cada ataque recibido. Desde entonces, misiles iraníes impactaron en varias ciudades israelíes, incluida la capital Tel Aviv. Aunque el sistema de defensa conocido como Cúpula de Hierro logró interceptar la mayoría de los cohetes, los proyectiles que escaparon causaron destrucción en zonas residenciales y comerciales, dejando 24 muertos y más de 600 personas heridas.
En el lado iraní, las cifras oficiales indican hasta el momento al menos 224 fallecidos y más de mil heridos, en su mayoría civiles, con una trágica proporción de mujeres y menores de edad entre las víctimas. Funcionarios iraníes criticaron duramente la narrativa israelí de «bombardeos selectivos», a la que calificaron de «eufemismo para describir ataques indiscriminados contra familias inocentes», comparándolos con los episodios de violencia en Gaza y Cisjordania.
Preocupación internacional y el giro de Trump
La escalada bélica llevó a potencias como Rusia, China, la Unión Europea y la ONU a exigir un cese inmediato de las hostilidades, temiendo que un conflicto mayor desestabilice aún más una zona históricamente volátil. Sorprendió, en cambio, el giro de Estados Unidos: tras haber abogado por la vía diplomática, el expresidente Donald Trump respaldó públicamente la ofensiva israelí. A través de su red social Truth, advirtió a Teherán sobre represalias aún más severas y lanzó una críptica exhortación: «¡Todos deberían abandonar Teherán ya mismo!»
Este abrupto cambio generó interrogantes sobre el verdadero nivel de involucramiento de Washington en la operación israelí. Voceros iraníes no dudan en afirmar que la mano de la Casa Blanca es visible detrás de los ataques, lo que complicaría la pretensión de Trump de presentarse como un líder que evitó abrir nuevos frentes de guerra durante su mandato.
Mientras los misiles siguen surcando el cielo y las sirenas de alerta no cesan, la única certeza es que la espiral de violencia profundiza el miedo a una conflagración regional con consecuencias imprevisibles para todo el mundo.
