La isla de Jark, un enclave de apenas 24 km² en el golfo Pérsico, concentra el 90% del petróleo crudo que Irán exporta al mundo. Su puerto de aguas profundas, capaz de recibir hasta diez superpetroleros de máximo calado de manera simultánea, la convierte en el “botón rojo” de la economía global: cualquier daño a su infraestructura podría disparar el precio del barril y provocar un colapso energético mundial.
El ataque del viernes 13
Estados Unidos bombardeó instalaciones militares de la isla el viernes 13, en una operación que Donald Trump calificó como “una de las incursiones más poderosas en la historia del Medio Oriente”. Según el exmandatario, se destruyeron 90 objetivos militares sin afectar los depósitos de petróleo, que almacenan más de 30 millones de barriles.
Trump se jactó en redes sociales de haber preservado “los caños” —la infraestructura petrolera—, pero advirtió que podría destruirlos “con un aviso de cinco minutos” si Irán interfiere en la navegación del estrecho de Ormuz. En entrevistas posteriores, incluso sugirió que podría atacar la isla “solo por diversión” y deslizó la posibilidad de una ocupación terrestre.
Un enclave codiciado desde la antigüedad
La isla de Jark ha sido disputada desde el siglo V a.C. por su posición estratégica y su provisión de agua dulce.
- En tiempos del Imperio Persa se la conocía como “el faro del comercio”.
- Durante el período sasánida albergó monasterios cristianos y templos zoroastrianos.
- En la época colonial fue ocupada por portugueses y luego por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.
- En el siglo XX, bajo el Sha Reza Pahlavi, funcionó como cárcel de presos políticos antes de transformarse en terminal petrolera.
La “Isla de Hierro”
Durante la guerra Irán-Irak en los años 80, Jark ganó el apodo de “Isla de Hierro” por su capacidad de resistir bombardeos masivos sin detener las exportaciones. Hoy, además de su infraestructura petrolera, alberga una población fija dedicada al sector y una base militar naval.
Riesgo global
Analistas advierten que un ataque directo a las instalaciones petroleras de Jark podría llevar el precio del barril a US$ 200 y desencadenar un colapso energético global con efectos inmediatos en inflación, recesión y crisis alimentaria. Por eso, la isla es considerada el talón de Aquiles de Irán y, al mismo tiempo, una pieza clave para la estabilidad mundial.
