El ministro de Economía, Luis Caputo, parte este martes 14 de abril hacia Washington junto con el viceministro José Luis Daza y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, para participar de las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial. El viaje se produce en un momento clave: la segunda revisión del programa con el Fondo Monetario Internacional aún no está cerrada y de ella depende un desembolso de US$ 1.000 millones.

Reservas y exigencias del FMI

En febrero, el FMI volvió a remarcar que la acumulación de divisas es “esencial” para que la Argentina recupere acceso duradero al financiamiento privado. Esa variable mide la capacidad del Banco Central para enfrentar pagos y sostener la estabilidad cambiaria.

El BCRA lleva 63 ruedas consecutivas comprando dólares, acumulando US$ 5.421 millones en lo que va del año y US$ 1.039 millones en abril. Las reservas brutas alcanzaron los US$ 45.431 millones el 10 de abril, con un saldo positivo de US$ 323 millones en reservas netas. Sin embargo, informes privados advierten que gran parte de esas compras se destinaron al pago de deuda y transferencias al Tesoro, lo que limita la capacidad de atesoramiento.

Ajuste interno y polémica

El debate en Washington no se limita al desembolso, sino también al mensaje político: mostrar que el ancla fiscal sigue intacta. En ese marco, surgió una controversia sobre un nuevo ajuste. El periodista Luis Majul afirmó inicialmente que Caputo había pedido a los ministerios recortar sus presupuestos en un 20%. Luego rectificó la información y señaló que la decisión fue del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien habría solicitado un plan de ajuste del 2% del gasto corriente y del 20% del gasto de capital, con plazo hasta el 30 de abril.

Aunque no fue confirmado oficialmente, la medida encaja con la lógica de la negociación: mostrar disciplina fiscal para ganar credibilidad ante el FMI.

Flexibilidad y exigencias del Fondo

El organismo ya mostró cierta flexibilidad con la Argentina. En la primera revisión, aprobada en julio de 2025, desembolsó US$ 2.000 millones y redujo las metas de acumulación de reservas para 2026. Sin embargo, en diciembre advirtió que el país necesitaba políticas “más ambiciosas” para construir colchones adecuados y facilitar el regreso al mercado internacional.

El desafío actual es doble: exhibir ajuste fiscal y demostrar capacidad de generar dólares para sostener pagos y estabilidad cambiaria.

Un contexto global adverso

Las reuniones estarán atravesadas por la guerra en Medio Oriente y sus efectos sobre energía, inflación y cadenas de suministro. La directora del FMI, Kristalina Georgieva, describió el escenario como un “choque de oferta grande, global y asimétrico”, con un impacto especialmente fuerte en países vulnerables.

Para la Argentina, el viaje de Caputo ocurre en un momento en que el margen de error se achica: más reservas, más prudencia fiscal y mayor capacidad de absorber shocks serán las exigencias centrales en Washington.

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