La petrolera de mayoría estatal YPF anunció que limitará el traslado de la escalada internacional del crudo a los surtidores locales, en un intento por evitar un impacto directo en la inflación. La decisión, comunicada por su CEO Horacio Marín durante la cumbre empresaria Argentina Week en Nueva York, busca sostener la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC), considerada la principal bandera económica de la gestión de Javier Milei.

El contexto internacional

La guerra en Medio Oriente llevó el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares, generando volatilidad en los mercados financieros y presionando los costos de las refinadoras. En Argentina, los combustibles ya subieron un 7% promedio, lo que amenaza con trasladarse a la economía real a través de la cadena logística y productiva.

En este escenario, YPF decidió aplicar una estrategia de micropricing basada en un sistema de promedio móvil (moving average), que suaviza tanto las alzas abruptas como las bajas bruscas. “YPF no va a generar cimbronazos en los precios de los combustibles, somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”, aseguró Marín.

Un ancla para la inflación

Fuentes del sector energético señalan que la postura de YPF funciona como un “ancla tácita” para la política económica del Gobierno. Aunque descartan un congelamiento de precios como en gestiones anteriores, la empresa de bandera mantiene aumentos moderados y monitorea minuto a minuto la evolución del mercado.

La Casa Rosada considera que la decisión es clave para consolidar la desaceleración del IPC. Un salto en los combustibles, advierten, podría desatar rondas de remarcaciones en góndolas y comercios, comprometiendo la meta oficial de llevar la inflación a cero hacia mediados de año.

La tensión con las privadas

El mercado local de combustibles está dominado por YPF, que concentra el 55% del despacho nacional, seguida por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%). Mientras YPF y Axion cuentan con refinerías integradas que les permiten amortiguar la volatilidad, Raízen (Shell) y Trafigura (Puma) deben comprar crudo a otras productoras, lo que las deja más expuestas a la suba internacional.

Las firmas privadas advierten que la política de YPF genera un desfasaje de precios y las obliga a asumir el costo político de los aumentos, mientras la estatal mantiene su cuota de mercado. Algunas estimaciones señalan atrasos de hasta el 15% en los surtidores de las compañías 100% privadas.

El factor Trump y la expectativa de corto plazo

En el sector privado prevalece la cautela. Las empresas siguen de cerca la evolución del crudo, que osciló entre 85 y 90 dólares en las últimas semanas, y apuestan a que la promesa diplomática de Donald Trump sobre el fin próximo de la guerra con Irán pueda liberar producción retenida en el Estrecho de Ormuz.

Analistas sostienen que, antes del conflicto, el mercado petrolero estaba sobreofertado y con inventarios elevados, por lo que un desenlace rápido podría devolver el precio del barril a niveles más bajos.

Riesgos y oportunidades

El Banco Central compró recientemente 50 millones de dólares, aunque las reservas volvieron a perforar los 46.000 millones. En paralelo, bancos internacionales como JP Morgan destacan que Argentina se beneficia de la crisis a través de Vaca Muerta y YPF, mejorando sus términos de intercambio.

Sin embargo, advierten que si la disrupción global se prolonga entre tres y seis meses, el Gobierno enfrentará un dilema: permitir ajustes significativos en los surtidores o absorber costos cuasifiscales.

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