La tensión vuelve a instalarse en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más sensibles del planeta, justo cuando la mayoría de los petroleros que habían quedado atrapados en el golfo Pérsico durante los meses más críticos del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel lograron finalmente abandonar la zona. El alivio inicial por la descongestión del tráfico marítimo se vio rápidamente opacado por un nuevo repunte militar que reaviva las dudas sobre la seguridad de la navegación en la región.

A finales de febrero, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes y el cierre del estrecho dispuesto por Teherán, 109 grandes petroleros de crudo no iraníes quedaron varados dentro del golfo Pérsico, la mayoría de ellos completamente cargados. Más de cuatro meses después, solo uno permanece atrapado. Al menos 50 buques lograron salir a partir del 18 de junio, cuando se alcanzó un alto al fuego provisional que permitió un respiro temporal en la zona.

Sin embargo, la calma duró poco. Desde ese acuerdo, Irán atacó al menos cinco buques comerciales en un sector del estrecho custodiado por fuerzas estadounidenses, incluidos tres petroleros de crudo y gas en la última semana. Estos incidentes desencadenaron nuevos ataques cruzados entre Teherán y Washington, provocando que el tráfico visible en el paso estratégico volviera a paralizarse y reintroduciendo un clima de cautela entre los armadores internacionales.

Un corredor estratégico bajo presión

El estrecho de Ormuz es responsable del tránsito de cerca del 20% del petróleo mundial, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de impacto inmediato para los mercados energéticos y el transporte marítimo global. Por eso, los operadores han seguido de cerca la evolución del conflicto y el ritmo al que los petroleros lograban abandonar la zona bloqueada.

La analista sénior de crudo de Kpler, Muyu Xu, advirtió que la reciente escalada podría frenar la recuperación de la confianza:

“La evolución más reciente podría socavar la recuperación de la confianza entre los armadores y retrasar su regreso al golfo Pérsico. Ya no observamos el tamaño del atasco, sino quién está dispuesto a seguir entrando y saliendo”.

El jueves, según datos recopilados por Bloomberg, el Gem No. 2 era el único gran petrolero que seguía atrapado en el Golfo con carga a bordo. El buque ingresó a la región dos días antes del inicio de la guerra, cargó petróleo en Arabia Saudita en marzo y desde entonces permanece inmovilizado. Otros dos petroleros que habían quedado retenidos —el Mercury Hope y el Stallion, este último con capacidad para un millón de barriles— lograron salir recientemente, aunque el Stallion debió recurrir a múltiples transferencias de carga para evitar quedar completamente bloqueado.

Cómo lograron salir los buques atrapados

La salida de los petroleros fue posible gracias a una combinación de estrategias que los armadores implementaron mientras Ormuz permanecía cerrado:

  • Navegación nocturna para evitar el monitoreo de las fuerzas iraníes.
  • Gestiones diplomáticas entre gobiernos para habilitar corredores temporales.
  • Escolta militar estadounidense en casos puntuales.

Al mismo tiempo, las entradas al Golfo se mantuvieron limitadas: los operadores debían cruzar Ormuz dos veces, exponiendo sus embarcaciones a riesgos elevados. Solo compañías con mayor tolerancia al riesgo enviaron buques a la zona, aprovechando tarifas excepcionalmente altas ante la escasez de embarcaciones disponibles.

La obtención de seguros por riesgo de guerra continúa siendo uno de los principales obstáculos. Las aseguradoras exigen condiciones estrictas y primas elevadas para cubrir operaciones en un área donde los ataques se han vuelto recurrentes.

Un mercado lejos de la normalidad

Analistas de RBC advirtieron esta semana que, pese a la salida de los buques varados, el mercado está lejos de estabilizarse:

“Algunos armadores siguen mostrando cautela respecto de los cruces de ida y vuelta en el futuro previsible. No compartimos la narrativa de que el mercado está volviendo a la normalidad”.

La incertidumbre se profundiza por la falta de información oficial de los propietarios de los buques involucrados. Las llamadas al dueño taiwanés del Gem No. 2, al operador hongkonés del Mercury Hope y a SG Holdings, propietario del Stallion, no fueron respondidas.

Un futuro condicionado por la geopolítica

La situación en Ormuz vuelve a demostrar que la seguridad del transporte marítimo en la región depende de factores geopolíticos altamente volátiles. Aunque la salida de los petroleros varados representa un alivio operativo, la nueva ola de ataques y la fragilidad del alto al fuego mantienen a los mercados en estado de alerta.

Para los armadores, la pregunta ya no es cuántos buques quedan atrapados, sino cuántos estarán dispuestos a volver a ingresar a uno de los corredores petroleros más peligrosos del mundo.

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