El 9 de diciembre del 2019 el mundo se sorprendía ante el fallecimiento de una de las cantantes ícono de los 90, tras una larga lucha contra un tumor cerebral, tenía 61 años.

Se llamaba Gun-Marie Fredriksson, pero las preadolescentes que coreábamos The Look en los noventa la conocíamos por el nombre con el que su banda había llegado a los charts de los Estados Unidos en 1984. Roxette es el título de un popular tema del Dr. Feelgood (del guitarrista británico Wilco Johnson), pero con su pelo platinado y cortísimo y su feminidad andrógina enfundada en cuero, la sueca impuso junto a Sinead O’Connor un estilo imitado por miles y le dio un significado nuevo para siempre al término. Después de ella, “roxette” entró al diccionario de inglés urbano como una manera de definir a una chica con mucha onda.

Ya entrada a la adolescencia, Marie comenzó a escribir sus propias canciones y a los 17 años entró a estudiar música de forma profesional en la ciudad de Svälov. Pero no fue hasta que se mudó a Halmstad, cuando partió su carrera como superestrella. Allí se unió junto a su entonces novio a un grupo llamado Strul, donde conoció a Per Gessle, que participaba ocasionalmente en sus shows. Lo suyo -esa conexión mágica que tuvieron durante años- no fue amor a primera vista. No obstante, iniciaron una colaboración. Gessle tocaba también con la conocida banda Gyllene Tider y Fredriksson empezó a ejercer como corista en sus conciertos. De esa forma, el grupo fue mutando hasta que, en su restructuración, su representante les sugirió cambiar el nombre del grupo y que Gessle y Marie se transformaran en vocalistas. Como consecuencia, nació Roxette. Todo un suceso musical que generó nueve discos y decenas de giras mundiales.

De ésta manera durante 33 años Fredriksson ha trabajado con Roxette y lanzado discos en solitario. Pero, en 2002 todo cambió para ella. El 11 de septiembre Marie se desmayó en su casa, por lo que debió ser llevada a un hospital. En un principio, los doctores aseguraron que había sido una contusión. Sin embargo, después le fue diagnosticado un tumor cerebral, el cual fue eliminado a través de una operación. Aun así, la cantante debió ser sometida a una serie de tratamientos de radioterapia que dejaron secuelas en ella. De hecho, tuvo que volver a aprender a hablar, contar, leer o hacer cosas tan cotidianas como montar en bicicleta. Durante un año, Marie no apareció ante los medios, tampoco concedió conciertos. Aunque si se tomó el tiempo para entregar un pequeño mensaje a sus fans donde agradeció la preocupación y los buenos deseos. Asimismo, denunció al tabloide Expressen por asegurar que también tenía un tumor en el pecho.

En 2005, Marie afirmó estar curada del cáncer. Pero, según marie-fredriksson.com, las consecuencias físicas del tratamiento fueron devastadoras para ella, como problemas de visión en el ojo derecho y de escucha en un oído. De igual modo, tuvo problemas motores, de memoria y de orientación. Por lo que sus últimos conciertos eran, usualmente, descritos como «un milagro». En 2015 Marie volvía a reunirse constantemente con Roxette y realizaba conciertos junto a Per (quien sigue activo en la música). Sin embargo, su energía nunca volvió a ser la de antes. Su voz se volvió más grave y solía cantar sentada desde una silla. Aunque nada de eso desanimó a la cantante, quien explicó todo ese proceso en Listen to My Heart. Finalmente dejó éste mundo terrenal, un día como hoy.

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