Las intensas lluvias que azotan el sureste de Brasil desde el lunes provocaron una catástrofe humanitaria en el estado de Minas Gerais. Según el último balance oficial, al menos 29 personas perdieron la vida y 43 permanecen desaparecidas, mientras que cientos de familias fueron evacuadas de sus hogares. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva declaró la “alerta máxima” y ordenó el envío de refuerzos de la Defensa Civil nacional para asistir en las tareas de rescate.

Municipios devastados

Las ciudades más afectadas son Juiz de Fora, donde se registraron 22 fallecimientos, y Ubá, con otras 7 víctimas. En ambas localidades, las calles se transformaron en ríos embravecidos que arrastraron vehículos y destruyeron viviendas. La alcaldesa de Juiz de Fora, Margarida Salomão, decretó el estado de calamidad en la madrugada del martes, describiendo la situación como “gravísima” y “extrema”.

El jefe de bomberos local, Demetrius Goulart, confirmó un deslizamiento de tierra de gran magnitud que sepultó al menos 12 casas. “Un gran número de personas estaba dentro de sus viviendas en el momento de la tormenta”, lamentó. La Defensa Civil contabilizó más de 20 deslizamientos en distintos puntos de la ciudad y estimó que unas 440 personas debieron abandonar sus hogares, recibiendo alojamiento provisorio por parte de la municipalidad.

Récord histórico de lluvias

Las autoridades meteorológicas señalaron que febrero de 2026 ya es el mes más lluvioso del que se tiene registro en Juiz de Fora, con 584 milímetros acumulados. El desborde del río Paraibuna agravó la emergencia, obligando a suspender las clases en todas las escuelas municipales y a desplegar operativos de rescate en zonas ribereñas.

Respuesta oficial y solidaridad

El presidente Lula da Silva destacó la necesidad de una acción coordinada entre los distintos niveles de gobierno y subrayó que la prioridad es salvar vidas. “La defensa civil está en alerta máxima y los refuerzos ya están en camino”, aseguró. Voluntarios y familiares de las víctimas se sumaron a las brigadas de rescate, en medio de escenas de desesperación y esperanza. “Estamos aquí desde anoche para ver si logran sobrevivir bajo la tierra; la esperanza es lo último que muere”, expresó uno de los vecinos que participa en la búsqueda.

Un desafío para la gestión de riesgos

La tragedia reaviva el debate sobre la vulnerabilidad de las ciudades brasileñas frente a fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes en la región. Minas Gerais, con su geografía montañosa y urbanización acelerada, se encuentra entre los estados más expuestos a deslizamientos de tierra. La emergencia actual pone a prueba la capacidad de respuesta del Gobierno y la necesidad de políticas de prevención más robustas.

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