La dinámica inflacionaria volvió a mostrar señales de aceleración en octubre, con un incremento mensual del 2,3%, el más elevado desde marzo de este año. El dato, difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), confirma la tendencia alcista que se venía registrando en los últimos meses, luego del 2,1% anotado en septiembre.

El nuevo salto en los precios se produjo en un contexto marcado por la volatilidad cambiaria previa a las elecciones legislativas, donde la suba del dólar ofició como catalizador de la escalada inflacionaria. Si bien el impacto del tipo de cambio sobre los precios —conocido como «pass through»— fue moderado, se espera que comience a disiparse tras la estabilización del dólar posterior a los comicios, que habían generado turbulencias en los mercados financieros.

Con este registro, la inflación acumulada en lo que va del año asciende al 24,8%, mientras que la variación interanual alcanza el 31,3%, en línea con las proyecciones de las principales consultoras privadas y con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central.

Servicios públicos y transporte, entre los rubros más afectados

Entre los sectores que más contribuyeron al alza de precios se destacan los bienes y servicios regulados, especialmente el Transporte, que registró un incremento del 3,5%, y el rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con una suba del 2,8%. Estos aumentos superaron ampliamente el promedio general y reflejan el impacto de ajustes tarifarios y costos operativos.

Por su parte, la división Alimentos y bebidas no alcohólicas —de fuerte incidencia en el índice general— también mostró una variación del 2,3%, en sintonía con el promedio mensual. En contraste, los rubros Equipamiento y mantenimiento del hogar y Recreación y cultura fueron los que menos aumentaron, ambos con una suba del 1,6%.

Composición del índice: estacionales y regulados al frente

Al analizar el comportamiento por categorías, los precios estacionales lideraron el incremento con un 2,8%, seguidos por los regulados (2,6%) y el IPC núcleo, que mide la evolución de los precios sin considerar componentes volátiles, con un 2,2%. Esta composición revela que, más allá de factores coyunturales, persiste una presión inflacionaria estructural que condiciona el poder adquisitivo de los hogares.

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