La comunidad científica internacional volvió a encender las alertas tras un nuevo análisis del sistema de fallas de California que confirmó que la falla de San Andrés alcanzó su mayor nivel de tensión tectónica en los últimos 1.000 años. El hallazgo reaviva el temor por el ‘Big One’, el megaterremoto potencialmente devastador que podría impactar sobre una región donde viven casi 13 millones de personas.

Cada año se registran más de 500.000 sismos en el planeta, según el monitoreo global. De ellos, unos 67.000 superan la magnitud 3 y alrededor de 15 alcanzan o superan la magnitud 7. Solo uno por año, en promedio, excede la magnitud 8. La mayoría ocurre en zonas despobladas o sin capacidad destructiva, pero el caso de San Andrés es distinto: combina alta acumulación de energía, densidad poblacional extrema y infraestructura vulnerable.

San Andrés y San Jacinto: una combinación peligrosa

El estudio, liderado por la geofísica Liliane Burkhard (Universidad de Berna), advierte que la tensión acumulada no afecta solo a San Andrés, sino también a la falla vecina de San Jacinto. El punto crítico es Cajon Pass, identificado como una “puerta sísmica”: un corredor geológico que puede actuar como barrera o, por el contrario, permitir que ambas fallas se conecten en un único evento de magnitud 7,5.

Una ruptura simultánea elevaría de manera drástica el potencial destructivo del sismo, afectando directamente a áreas urbanas como Los Ángeles, San Bernardino y Riverside.

Actividad sísmica global y el impacto en América Latina

Los recientes terremotos de Venezuela (7,2 y 7,5) y Colombia (7,4) evidenciaron la vulnerabilidad regional. En Venezuela, según Funvisis, se reportan más de 1.000 sismos anuales. La principal causa de tragedias no suele ser la magnitud del evento, sino el colapso de infraestructuras vulnerables, fenómeno conocido como construcción social del desastre.

Medidas preventivas en California

Ante el riesgo latente, distintas entidades comenzaron a reforzar su infraestructura. La empresa Southern California Edison invirtió 300 millones de dólares entre 2016 y 2025 para mejorar la resistencia sísmica de sus instalaciones críticas.

El modelo de análisis de Burkhard, basado en la dinámica de la “puerta sísmica”, tiene alto valor predictivo y podría aplicarse a sistemas de fallas en países altamente vulnerables como Turquía, Nepal y Nueva Zelanda.

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