En medio de la mayor operación militar israelí sobre territorio libanés en décadas, el primer ministro Benjamin Netanyahu confirmó la eliminación de Ali Youssef Kharshi, secretario personal del líder de Hezbolá, Naim Qassem. El anuncio, realizado a través de la red social X, reavivó las tensiones regionales y puso en duda la vigencia del frágil alto el fuego alcanzado entre Estados Unidos e Irán.
Según Netanyahu, Kharshi fue abatido durante los bombardeos que sacudieron Beirut en la noche del miércoles. El mandatario calificó al dirigente como “una de las personas más cercanas” al secretario general de la organización, y aseguró que la operación formó parte de una ofensiva más amplia contra infraestructura militar de Hezbolá en el sur del Líbano.
“El ejército israelí continúa golpeando a Hezbolá con fuerza, precisión y determinación. Quien actúe contra los ciudadanos de Israel será alcanzado”, expresó Netanyahu en un mensaje acompañado por imágenes de explosiones en zonas urbanas. El primer ministro subrayó que las acciones buscan devolver “la seguridad completa” a los habitantes del norte de Israel, región fronteriza con el Líbano.
Escalada militar y cuestionamientos al alto el fuego
Las operaciones israelíes incluyeron ataques a depósitos de armas, rutas de suministro y centros de comando de la milicia libanesa. Fuentes de la Defensa Civil reportaron al menos 254 muertos y más de 1.100 heridos en los bombardeos del 8 de abril, lo que convierte a la jornada en una de las más sangrientas desde el inicio de la escalada.
El gobierno israelí sostiene que el alto el fuego mediado por Washington y Teherán no contempla las acciones contra Hezbolá en territorio libanés. Irán, en cambio, denunció los ataques como una “violación grave” de la tregua y advirtió sobre el riesgo de una extensión del conflicto. Analistas internacionales señalan que la ofensiva podría comprometer los esfuerzos diplomáticos para contener la violencia en la región.
Un enfrentamiento histórico
El enfrentamiento entre Israel y Hezbolá se remonta a más de cuatro décadas. La milicia chií, respaldada por Irán, nació en 1982 tras la invasión israelí al Líbano y desde entonces ha consolidado su presencia en el sur del país, el valle de la Bekaa y la capital, Beirut. Con un estimado de entre 40.000 y 50.000 combatientes activos, además de decenas de miles de reservistas, Hezbolá es considerado uno de los grupos armados no estatales más poderosos de Medio Oriente.
La organización mantiene capacidad para lanzar cohetes y trasladar armamento a través de múltiples rutas, lo que la convierte en un actor central en la dinámica de seguridad regional. Israel, por su parte, busca neutralizar esas infraestructuras mediante ataques selectivos que, según Netanyahu, se ejecutarán “donde sea necesario”.
Perspectivas inciertas
La ofensiva israelí y la respuesta de Hezbolá plantean un escenario de alta incertidumbre. Mientras la comunidad internacional intenta sostener el alto el fuego, la escalada militar amenaza con desbordar los límites del conflicto y arrastrar a nuevos actores regionales. Observadores advierten que la continuidad de los ataques podría derivar en una crisis humanitaria de gran magnitud en el Líbano, país que ya enfrenta severas dificultades económicas y sociales.
