Este jueves 12 de marzo, a las 16 horas, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dará a conocer la inflación de febrero de 2026, en un escenario atravesado por expectativas políticas y riesgos internacionales. Para el Gobierno de Javier Milei, el dato representa una prueba crucial: mostrar que el proceso de desinflación sigue en marcha, mientras la guerra en Irán y la escalada del petróleo suman incertidumbre al tablero económico.
Expectativas y pronósticos privados
Los pronósticos de consultoras privadas se ubican en torno al 3%, mientras que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central corrigió al alza sus estimaciones y proyectó un 2,7% para febrero. En la Ciudad de Buenos Aires, el IPC porteño marcó 2,6%, por debajo del 3,1% de enero, con una variación interanual de 32,4%.
La composición del índice porteño mostró que la desaceleración no provino de un alivio generalizado, sino de un cambio en precios relativos: los bienes subieron 1,9%, mientras los servicios avanzaron 3%. Rubros como vivienda, agua, electricidad y gas registraron un incremento de 5,9%, y alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 2,9%, con la carne como protagonista al trepar 7,3%.
El desafío político y económico
La Casa Rosada apuesta a que febrero muestre una mejora respecto de enero. El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que el IPC sería menor al 2,9% y defendió que, con disciplina fiscal y monetaria, la inflación mensual podría “empezar con 0” este año. El mensaje oficial busca instalar que el orden fiscal es suficiente para amortiguar shocks externos.
Sin embargo, el contexto internacional se volvió más complejo. El crudo Brent superó los u$s100 por barril en medio de ataques sobre infraestructura petrolera y bloqueos en el estrecho de Ormuz. La Agencia Internacional de Energía calificó la situación como la mayor disrupción de oferta de la historia y anunció una liberación récord de reservas estratégicas.
El FMI advirtió que una suba persistente del petróleo podría agregar hasta 0,4 puntos porcentuales a la inflación global, mientras Goldman Sachs estimó un impacto de 0,7 puntos. Para la Argentina, el traslado no es inmediato, pero sí relevante: combustibles, logística y precios regulados son canales de transmisión que pueden presionar sobre el índice.
El mercado energético y su impacto local
En el mercado interno, las naftas ya registraron aumentos de hasta 6% en las últimas semanas. Horacio Marín, presidente de YPF, intentó dar previsibilidad al señalar que la empresa aplica una política de promedios para evitar cimbronazos, aunque en tono coloquial advirtió: “Si tenés que cargar nafta mañana, cargá hoy”.
La presión sobre combustibles y costos logísticos aparece como un riesgo concreto si el crudo se estabiliza en valores altos. Los analistas coinciden en que mucho dependerá de la duración del conflicto en Medio Oriente, que ya dejó incidentes en buques petroleros en el estrecho de Ormuz, con Irán como principal señalado.
Lo que está en juego
El dato de febrero puede quedar rápidamente viejo en términos políticos. Si el INDEC confirma una inflación apenas por debajo de enero, el Gobierno podrá mostrar que la desinflación sigue en pie. Pero si el índice se acerca al 3% o supera las previsiones, la atención se trasladará a marzo y abril, meses en los que el arrastre de tarifas, alimentos y energía podría sentirse con más fuerza.
La pregunta central ya no es solo si la inflación sube o baja en febrero, sino si la economía argentina logró construir defensas suficientes para que un shock global del petróleo no vuelva a correrle el arco.
