El borrador para reabrir el Estrecho de Ormuz, aliviar sanciones y limitar el programa nuclear quedó en suspenso mientras Washington e Irán se acusan mutuamente de tergiversar el contenido del acuerdo
En un clima de máxima tensión política y militar, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que se encuentra reunido en la Sala de Situación de la Casa Blanca para evaluar lo que definió como una “decisión final” respecto del acuerdo en negociación con Irán. El mensaje endureció las condiciones que Washington exige para avanzar y reconfiguró un escenario que hasta ayer se describía como un principio de entendimiento tentativo.
El borrador —consensuado por delegados de ambos países— incluía tres ejes:
- Despeje del Estrecho de Ormuz y normalización del tránsito marítimo.
- Alivio progresivo de sanciones petroleras.
- Limitación del programa nuclear iraní bajo supervisión internacional.
Ese esquema, sin embargo, quedó en suspenso tras las nuevas exigencias de Trump y la respuesta inmediata de Teherán, que calificó sus declaraciones como “una mezcla de verdad y mentiras”.
Las nuevas condiciones de Trump
En su mensaje en Truth Social, el presidente estadounidense introdujo tres exigencias adicionales:
- Compromiso irreversible de Irán de no poseer jamás un arma nuclear.
- Apertura inmediata del Estrecho de Ormuz, sin peajes ni restricciones al tráfico marítimo.
- Eliminación total de minas acuáticas, tarea que —según afirmó— ya habría comenzado con dragaminas estadounidenses.
Además, incorporó un punto especialmente sensible: la extracción y tratamiento del material nuclear iraní desde instalaciones subterráneas, en coordinación con el OIEA, dirigido por el argentino Rafael Grossi. Según el borrador técnico, se trataría de unos 450 kilos de uranio enriquecido.
Trump cerró su mensaje con una frase que alteró el equilibrio del borrador original:
“No se realizará ningún intercambio monetario hasta nuevo aviso”.
Esto contradice la versión filtrada por Axios, que contemplaba descongelamiento de fondos iraníes y alivio gradual de sanciones.
La arquitectura del acuerdo y sus puntos de fricción
Funcionarios estadounidenses habían descrito el entendimiento como “multifacético”, según el secretario del Tesoro Scott Bessent, pero siempre subordinado a una decisión política directa del presidente.
El vicepresidente JD Vance confirmó que ambas partes “intercambian propuestas de redacción”, especialmente sobre capacidades nucleares. Sin embargo, la Casa Blanca no precisó quiénes participaron de la reunión decisiva ni si Irán aceptó las nuevas condiciones.
El giro económico —la suspensión de cualquier intercambio financiero— es el punto que más altera el equilibrio del borrador inicial.
La respuesta iraní: negación, cautela y doble narrativa
La agencia semioficial Fars citó fuentes del régimen que negaron la existencia de un acuerdo cerrado y acusaron a Trump de construir una “victoria falsa” con fines políticos internos.
Teherán rechazó especialmente:
- la cláusula sobre extracción del material nuclear,
- la afirmación de que el despeje de minas ya está en marcha,
- y la idea de que el acuerdo esté “a punto de firmarse”.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, reiteró que “el único criterio es la acción” y que “el ganador es quien está mejor preparado para la guerra al día siguiente”.
El canciller Abbas Araqchi advirtió que cualquier avance depende de que Washington abandone “exigencias excesivas y posiciones contradictorias”.
Ormuz: el corazón económico y militar del conflicto
El Estrecho de Ormuz sigue siendo el punto más crítico del tablero. Por allí circula cerca del 20% del petróleo mundial, y su bloqueo parcial por parte de fuerzas estadounidenses e iraníes generó un impacto directo en los precios globales de la energía.
Trump afirmó que los barcos atrapados por el bloqueo podrán retomar su tránsito normal, lo que implicaría una desescalada. Pero la versión iraní sostiene que la reapertura incluiría mecanismos de vigilancia, inspección y seguridad, lo que revela que la disputa por la soberanía operativa continúa.
La escalada militar —ataques cruzados, bombardeos en Bandar Abbas, misiles contra bases regionales— no se detuvo, sino que quedó superpuesta a la negociación.
El trasfondo político interno en Estados Unidos
El endurecimiento de Trump ocurre en un contexto de presión política doméstica:
- la guerra en el Golfo impactó en la inflación,
- la aprobación presidencial se encuentra en su nivel más bajo del mandato,
- y las elecciones de noviembre condicionan cada movimiento estratégico.
El eventual acuerdo con Irán aparece así como un instrumento de reposicionamiento interno, además de un expediente de política exterior.
Un proceso abierto, frágil y con múltiples centros de poder
A esta altura, el entendimiento entre Washington y Teherán se parece más a una negociación en tiempo real, con múltiples actores y narrativas contradictorias, que a un acuerdo cerrado.
Si se concreta, implicaría una desescalada parcial en un conflicto que alteró el flujo energético global y reubicó a Medio Oriente en el centro de la agenda estratégica. Pero por ahora, el proceso sigue atravesado por desconfianza, presiones internas y un tablero militar activo.
