Un consorcio internacional presentó un megaproyecto binacional que busca reactivar el histórico Ferrocarril Trasandino, inactivo desde 1984, mediante la construcción de un túnel de 54 kilómetros bajo la Cordillera de los Andes. La iniciativa, financiada con una inversión privada estimada en US$ 9.600 millones aportados por empresas de Singapur y Chile, apunta a restablecer la conexión ferroviaria entre Mendoza y la región chilena de Valparaíso.

El proyecto propone un corredor ferroviario de alta velocidad diseñado para operar durante los 365 días del año, evitando los cierres recurrentes del Paso Los Libertadores, que cada invierno paraliza el tránsito de camiones y vehículos particulares por las intensas nevadas.

Un túnel para garantizar circulación permanente

La obra contempla un trazado subterráneo de 54 kilómetros que permitirá el paso de:

  • trenes de carga pesada,
  • formaciones de pasajeros de última generación,
  • servicios logísticos de alta capacidad.

El objetivo es crear un corredor bioceánico estratégico, capaz de conectar los mercados sudamericanos con los puertos del Pacífico y, desde allí, con Asia.

Un ramal clave para Vaca Muerta

El proyecto incluye además un ramal hacia el yacimiento de Vaca Muerta, destinado al transporte masivo de:

  • arenas silíceas,
  • insumos mineros,
  • equipamiento energético.

La conexión ferroviaria reduciría costos logísticos, aceleraría los tiempos de desarrollo y disminuiría el tránsito de camiones en rutas de montaña, con un impacto ambiental positivo por la reducción de emisiones.

Avances técnicos y estudios binacionales

Las comisiones técnicas de Argentina y Chile avanzan en:

  • estudios geotécnicos,
  • análisis de fallas sísmicas,
  • evaluaciones de impacto ambiental,
  • definición del método de excavación más seguro.

El proyecto requiere el respaldo político definitivo de ambos gobiernos y se proyecta como una obra de largo plazo debido a su complejidad constructiva.

Un regreso esperado: la memoria del Trasandino

El Ferrocarril Trasandino operó durante casi un siglo y fue un motor de desarrollo para las comunidades cordilleranas. Su cierre en 1984 dejó estaciones abandonadas, pueblos aislados y una infraestructura histórica en deterioro.

El nuevo túnel despierta expectativas en esas localidades, que ven en la obra la posibilidad de un renacimiento ferroviario y una transformación profunda del mapa logístico del Cono Sur.

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