La escalada bélica vuelve a golpear con energía más cara, tasas altas por más tiempo y mercados globales más reacios al riesgo. Para la Argentina, el shock abre una ventana de oportunidad por mejores precios para Vaca Muerta, pero complica el frente financiero, presiona la inflación y vuelve más difícil acumular reservas.

El shock energético y financiero

El Brent volvió a superar los US$ 115 por barril tras los ataques iraníes sobre infraestructura energética en el Golfo, en respuesta a la ofensiva israelí sobre el megacampo gasífero South Pars. Reuters reportó incluso un pico intradiario de US$ 119,13.

El salto del crudo reordena las prioridades del mercado global: energía más cara, inflación persistente y tasas elevadas por más tiempo. Para países emergentes como Argentina, la combinación es desafiante: encarece el financiamiento, presiona sobre precios internos y dificulta la acumulación de reservas.

El “trilema” argentino

Jorge Vasconcelos, economista jefe de la Fundación Mediterránea, plantea que el Gobierno enfrenta un trilema:

  • Acumular reservas para sostener la estabilidad cambiaria.
  • Bajar la inflación, que se mantiene en torno al 2,9% mensual.
  • Relanzar la actividad económica, aún sin consolidar.

El problema es que los tres objetivos son difíciles de compatibilizar en simultáneo. Una política monetaria contractiva ayuda a enfriar la inflación, pero limita el crédito y el consumo. Una corrección cambiaria podría mejorar reservas y competitividad, pero golpearía la desinflación y el poder adquisitivo. Y si se prioriza la actividad, la presión sobre precios y el tipo de cambio se intensifica.

Oportunidad energética, riesgo financiero

El shock externo tiene un costado positivo: Argentina llega a este episodio como exportador neto de energía, con Vaca Muerta en expansión. Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital Group, señala que con un barril más alto las exportaciones energéticas podrían superar las previsiones iniciales del programa económico.

Sin embargo, advierte que el principal riesgo está en el canal financiero: un dólar global más fuerte, tasas altas en EE. UU. y el elevado riesgo país argentino. En otras palabras, el petróleo puede sumar dólares, pero no alcanza para resolver el frente de deuda ni para bajar la prima de riesgo, que sigue siendo el gran cuello de botella.

Impacto en el agro

El conflicto también repercute en el campo, principal sector exportador del país. Dante Romano, investigador de la Universidad Austral, advierte que el encarecimiento de fertilizantes y fletes presiona sobre los costos agrícolas. La urea, de la cual casi la mitad proviene del Golfo, subió 7% en la semana, mientras que el gas natural avanzó 9%.

Esto implica que la ganancia neta para la Argentina puede reducirse: el petróleo alto mejora la balanza energética, pero si encarece insumos y recalienta la inflación global, el beneficio se diluye.

Un trilema más visible y más difícil

La guerra en Medio Oriente no creó el trilema argentino, pero lo hizo más evidente. El país necesita reservas, desinflación y crecimiento, pero el contexto global hostil obliga a elegir prioridades. Como advierte Vasconcelos, la clave será despejar el horizonte financiero externo: sin una baja del riesgo país, la economía seguirá dependiendo de ajustes internos que pueden recaer sobre el tipo de cambio, el consumo o el empleo.

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