La detención del príncipe Andrés de York, hermano del rey Carlos III, el pasado 19 de febrero, día de su cumpleaños número 66, reavivó uno de los escándalos más resonantes de la realeza británica en los últimos años. El exduque fue arrestado bajo sospecha de “mala conducta en el ejercicio de un cargo público”, en el marco de las investigaciones sobre su vínculo con el magnate estadounidense Jeffrey Epstein.
El episodio generó un fuerte impacto en la familia real y puso en el centro de la atención a sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia de York, quienes desde hace tiempo mantienen una relación distante con su padre.
El impacto en la familia real
La noticia del arresto provocó una ola de repercusiones internacionales. El rey Carlos III emitió un comunicado institucional, mientras que la exesposa de Andrés, Sarah Ferguson, también quedó bajo sospecha por sus vínculos con Epstein. La situación, según expertos en la Casa Real, representa un nuevo golpe a la imagen de la monarquía británica, que ya había atravesado crisis similares en el pasado.
Reacciones de Beatriz y Eugenia
De acuerdo con medios británicos como el Daily Mail, las princesas se encuentran “en estado de shock” y “profundamente inquietas” por la detención de su padre. Ninguna de ellas emitió declaraciones públicas ni mensajes en redes sociales, lo que refleja un silencio calculado frente a la magnitud del escándalo.
La relación de Andrés con sus hijas se había deteriorado desde que salieron a la luz las acusaciones sobre su vínculo con Epstein. Beatriz, la mayor, intentó en ocasiones acompañar a su padre en eventos privados y ayudar a recomponer su imagen, mientras que Eugenia optó por un distanciamiento total, dedicándose a actividades sociales y organizaciones benéficas.
Ambas mantienen actualmente vidas familiares alejadas de la exposición mediática, centradas en la crianza de sus hijos, aunque la detención volvió a colocarlas en el foco de la prensa internacional.
Un escándalo que no se disipa
Tras permanecer 11 horas bajo custodia policial, el príncipe Andrés fue liberado, aunque continúa bajo investigación. La medida no hizo más que intensificar las sospechas en su contra y alimentar el debate sobre el futuro de su rol dentro de la familia real.
Analistas señalan que el caso podría marcar un antes y un después en la relación de las princesas con su padre, y que la presión mediática sobre ellas se mantendrá en los próximos meses. La detención, más allá de su desenlace judicial, ya se consolidó como uno de los escándalos más fuertes de la realeza británica en tiempos recientes.
