La presentación de una supuesta solución al problema de existencia y suavidad de Navier-Stokes por parte de OpenAI desató una fuerte controversia en la comunidad matemática internacional. El centro del conflicto no es sólo la validez de la demostración, sino la acusación del matemático Tristan Buckmaster, quien sostiene que la compañía pudo haberse beneficiado de investigaciones desarrolladas por él y su colega Levent Alpöge sin autorización.
Navier-Stokes es uno de los siete Problemas del Milenio, los desafíos matemáticos más importantes planteados por el Instituto Clay de Matemáticas en 2000. Resolver uno de ellos no sólo implica un premio de un millón de dólares, sino también un reconocimiento histórico dentro de la comunidad científica.
La acusación de Buckmaster
La polémica comenzó cuando OpenAI anunció que había alcanzado una solución para el problema. Poco después, Tristan Buckmaster denunció públicamente que la empresa habría llegado a ese resultado utilizando ideas similares a las desarrolladas por él y por el matemático Levent Alpöge, actualmente vinculado a Anthropic, competidora directa de OpenAI.
Según Buckmaster, durante conversaciones mantenidas con investigadores de OpenAI y con el matemático Sébastien Bubeck, integrante de la compañía, le explicaron aspectos de la demostración que coincidían con enfoques que él venía desarrollando en su propia investigación.
El académico afirmó además que preguntó en varias oportunidades si los modelos de OpenAI habían sido entrenados utilizando borradores o material que él mismo había cargado en ChatGPT durante el desarrollo de su trabajo. Según su versión, nunca obtuvo una respuesta definitiva sobre ese punto.
La respuesta de OpenAI
OpenAI rechazó categóricamente las acusaciones.
La empresa aseguró que ni los investigadores ni los sistemas involucrados tuvieron acceso a los trabajos de Buckmaster y Alpöge antes de su publicación.
En su comunicado sostuvo que:
- No consultó borradores de los matemáticos.
- No utilizó datos específicos de usuarios para resolver el problema.
- Las pruebas matemáticas desarrolladas por OpenAI difieren significativamente de las producidas por Buckmaster y Alpöge.
Sin embargo, la compañía reconoció que no puede descartar completamente que información desidentificada derivada del uso general de sus productos haya contribuido indirectamente al entrenamiento de los modelos.
Ese matiz fue suficiente para alimentar aún más el debate.
El conflicto con Sébastien Bubeck
Buckmaster reveló una serie de conversaciones privadas con Sébastien Bubeck en las que, según su relato, OpenAI intentó coordinar la publicación de los resultados.
El matemático aseguró que le ofrecieron distintas alternativas que terminaban dejando el protagonismo principal a OpenAI en la solución de Navier-Stokes.
Entre ellas mencionó:
- Publicar primero su trabajo sobre ecuaciones de Euler y permitir que OpenAI presentara al día siguiente su solución de Navier-Stokes.
- Redactar un artículo reconociendo que un modelo interno de OpenAI había resuelto el problema.
Buckmaster también afirmó que durante esas conversaciones se sugirió retirar a Levent Alpöge como autor de determinados trabajos debido a su relación con Anthropic.
La versión de Bubeck
Bubeck respondió extensamente a través de las redes sociales.
Negó haber pedido la exclusión de Alpöge y sostuvo que el problema radicaba en que un empleado de Anthropic figurara como autor de investigaciones vinculadas con tecnología interna de OpenAI.
Según explicó, su objetivo era coordinar los anuncios y reconocer los avances alcanzados por Buckmaster y su colega.
Además afirmó que OpenAI comenzó a trabajar sobre los Problemas del Milenio después de que circularan rumores de que modelos de Anthropic habían logrado resolver algunos de ellos.
Bubeck insistió en que:
- OpenAI no vio los trabajos de Buckmaster antes de que fueran publicados.
- Los enfoques matemáticos utilizados eran distintos.
- El equipo de investigación estaba formado principalmente por matemáticos, físicos e informáticos con trayectoria académica.
La intervención de Sam Altman
El CEO de OpenAI, Sam Altman, respaldó públicamente a Bubeck y al equipo involucrado.
Altman aseguró que los investigadores actuaron con integridad durante todo el proceso y afirmó que inicialmente OpenAI creyó que Buckmaster y Alpöge también habían resuelto el problema completo.
Según el ejecutivo, cuando comprobaron que habían avanzado sobre Euler pero no sobre Navier-Stokes, incluso propusieron que Buckmaster recibiera un papel destacado en una eventual publicación conjunta.
También sostuvo que OpenAI buscó coordinar los anuncios y que fue la otra parte la que reaccionó acusando a la compañía de plagio.
Un debate que va más allá de Navier-Stokes
Más allá de quién tenga razón, la controversia abrió una discusión mucho más profunda sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.
Las preguntas que sobrevuelan el caso son complejas:
- ¿Puede un modelo entrenado con información aportada por usuarios reproducir ideas matemáticas originales?
- ¿Cómo se determina la autoría de un descubrimiento cuando interviene una IA?
- ¿Quién recibe el crédito académico por una demostración generada con asistencia de modelos avanzados?
Mientras la comunidad matemática analiza la validez de la supuesta demostración de Navier-Stokes, la batalla por la autoría y el reconocimiento ya se convirtió en uno de los conflictos científicos más resonantes de la era de la inteligencia artificial.
Y, paradójicamente, el debate sobre quién merece el mérito podría terminar siendo tan importante como la propia solución del problema matemático.
