El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundirá este jueves 12 de marzo el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero, en un escenario marcado por tensiones externas y expectativas internas.

El mercado proyecta una inflación de entre 2,5% y 3%, mientras el Gobierno confía en que el dato confirme la tendencia a la baja iniciada en enero. Sin embargo, la escalada bélica en Medio Oriente ya impactó en los mercados internacionales, fortaleció al dólar y disparó el precio del petróleo, reavivando el temor a un nuevo shock inflacionario global.

Un dato clave para la estrategia oficial

La inflación de febrero se convirtió en un termómetro central para evaluar la sostenibilidad del plan de desinflación. Tras el 2,9% de enero, el oficialismo espera una nueva baja que refuerce la narrativa de una macroeconomía “ordenada”. Pero la dinámica internacional amenaza con alterar el escenario: el crudo rozó los US$120 por barril y las bolsas globales reaccionaron con fuertes caídas, reinstalando la discusión sobre el impacto de la energía en los precios.

Expectativas del mercado y proyecciones

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ajustó al alza sus previsiones: la mediana de los analistas ubicó la inflación esperada en 2,7%, con una inflación núcleo de 2,5%. El informe anticipa una desaceleración gradual, pero más lenta de lo previsto a comienzos de año. Para marzo se espera 2,5%; abril, 2,2%; mayo, 1,9%; junio, 1,7%; y julio, 1,5%.

El ministro de Economía, Luis Caputo, mantiene una visión más optimista y asegura que la inflación podría “empezar con 1” hacia agosto. Economistas como Martín Kalos relativizan esa proyección y advierten que las anclas utilizadas en 2024 y 2025 —el dólar y los salarios— ya muestran signos de agotamiento.

En paralelo, el REM recalculó a la baja la expectativa de dólar oficial para marzo, ubicándola en $1.429, y proyectó un tipo de cambio de $1.707 para diciembre de 2026, en un sendero de ajuste gradual.

El frente financiero y la licitación de marzo

El Tesoro enfrentará esta semana la primera licitación de marzo, considerada un test clave para medir la capacidad oficial de absorber pesos y sostener el frente financiero. En la última colocación, el Gobierno liberó liquidez para apuntalar la actividad y logró colocar US$150 millones en un nuevo bono en dólares a una tasa de 5,89%, por debajo del 6% previsto.

El impacto de la guerra y el petróleo

La guerra en Medio Oriente ya dejó huellas en los mercados: fortalecimiento del dólar, caída de las bolsas y un salto del petróleo que amenaza con trasladarse a los costos logísticos y energéticos. Aunque el Gobierno insiste en que la macro está preparada para resistir shocks externos, analistas advierten que un conflicto prolongado puede repercutir en la economía local.

La directora del FMI, Kristalina Georgieva, alertó que la prolongación del conflicto podría afectar precios globales de la energía, confianza de los mercados y crecimiento económico. En ese marco, el dato del INDEC será leído no solo como una señal doméstica, sino también como parte de un tablero internacional más inestable.

Qué anticipan las consultoras privadas

Las mediciones privadas coinciden en que febrero mostró una inflación todavía elevada, con los alimentos como principal foco de presión. LCG relevó un alza de 4,2% en el rubro, impulsada por carnes y verduras. Eco Go estimó una suba de 2,9% en alimentos consumidos en el hogar y proyectó una inflación general cercana al 3%. Analytica calculó un promedio de 2,6% en alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires, mientras Econviews detectó un acumulado de 2,1% en supermercados.

Fundación Libertad y Progreso ubicó la inflación mensual en 2,8% y consideró que febrero podría marcar una desaceleración, aunque aún en niveles altos. La Universidad Torcuato Di Tella, en tanto, reflejó un deterioro en las expectativas de mediano plazo: la inflación esperada para los próximos 12 meses saltó a 35,7%, 4,2 puntos por encima de enero.

Un índice con peso político y económico

Más allá del número puntual, el IPC de febrero será interpretado como un test de resistencia del plan económico. Para el Gobierno, un dato menor al de enero reforzaría su relato de desinflación. Para el mercado, en cambio, será apenas una foto dentro de una película más compleja, donde la presión externa empieza a pesar tanto como la dinámica interna.

La gran incógnita es si la Argentina podrá sostener la baja de la inflación en un mundo que vuelve a discutir el impacto del petróleo, la energía y la guerra sobre los precios.

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